Publicado: 17 Apr 2008 6:47 pmTítulo del mensaje: La Única Respuesta...
"La Única Respuesta..."
Precioso banner creación de Lady Hellsing.
Harry/Draco
SUMMARY: El motivo por el que Harry desapareció del mundo mágico después de su batalla con Lord Voldemort no es el que todos creen, y sólo unos cuantos conocen el secreto. SLASH Harry/Draco
00. Introducción.
"Este lugar realmente no me sorprende." Dijo el dueño de un par de hermosos ojos azules y lacio cabello rubio, quien apareció de la nada en aquel departamento, vistiéndo una larga y elegante túnica negra que le hacía parecer mortalmente pálido.
No había aparecido solo en aquel departamento de apariencia desagradablemente muggle, lo acompañanaba una mujer de larga cabellera castaña, que, a diferencia de él, vestía ropa muggle.
"No creo que Harry quiera impresionar a alguien, Malfoy." Dijo ella, antes de mirar prolongadamente al rubio. "Hubiera sido mejor que no te vistieras así, y que llegáramos de una forma más normal."
Malfoy enarcó una ceja y se dejó caer sobre el amplio sofá.
"Esto es normal para mí, Granger."
"Me refiero a normal para Harry." Dijo Hermione, sentándose frente a Malfoy.
Draco bufó, burlón.
"Esto debería ser normal para Potter." Empezó el rubio, y se pasó una mano por el cabello. "Es un mago, así que no veo el por qué de tu preocupación. A menos que creas que no va a querer ayudarnos."
Ella lanzó un prolongado suspiro, que se alargó un poco más de los esperado.
"Había olvidado que tú no sabes lo que pasó."
"¿Además que el muy cobarde huyó luego de derrotar al Dark Lord? ¿Hay algo más?"
Hermione ignoraba por qué Draco había insistido en ir, pero sabía que tenía que decirle la verdad, antes que Harry llegara y se llevara la sorpresa de su vida.
"Harry no huyó."
Draco la miró, confundido, y creyendo que ella le tomaba el pelo.
"Perdió la memoria y no pudieron hacer nada para solucionarlo, por eso lo enviaron al Londres muggle."
La expresión en el rostro de Draco no tenía precio.
Continuará...
Notas de Lena:
Ok, apenas me digno a escribir mi segundo fic de HP de Harry/Draco... Este va para mi querida Lady Hellsing, porque creé un monstruo y me toca satisfacer su necesidad de fics de esta parejita... espero irlo actualizando de forma regular.
Disfrútenlo. _________________
Haitsu lover
Ultima edición por Lena el 22 Nov 2008 7:02 pm; editado 1 vez
Es verdad lena tu lo has dicho, has creado un mosntruo el cual estaba jetitas pero has despertado a la bestia (es un decir ni estoy fea ni soy tonta y menos salvaje) pero ke bueno verte por aki y con un fic mas de esta pareja tan linda!! ya veremos ke nos tienes preparado esta ves Lena!!! _________________
Yo sé que desperté a la bestia, por eso mismo me encargo de darle su alimento....
Este fic es exclusiva de este foro, a menos que mi amiga Hellsing no tenga inconvenientes en verlo en otro lado... pero hasta ahora, es mi regalo para ella.
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Capítulo 1. Una nueva vida
Era de madrugada, pero la luna aún se asomaba en el cielo, plateada y redonda, reflejando una luz ajena, pálida, que le permitía darle un poco de claridad quienes transitaban aquellas olvidadas calles.
La solitaria figura que caminaba por aquel estrecho callejón iba bien abrigada, llevaba una larga gabardina de gruesa tela que le mantenía tibio en aquella fría madrugada de invierno.
En una semana más, sería navidad, y como los últimos dos años, iba a pasarla sola en su cómodo departamento, en Londrés. Qué había pasado antes de esos dos años era un gran misterio para él, lo único que recordaba era su nombre: Harry Potter.
Conseguir empleo había sido una larga tortura, pero tras mucho buscar y ser rechazado, logró que lo contrataran en un bar, donde la dueña le aseguró que no era necesario tener experiencia de ningún tipo, ya que ella, personalmente, lo iba a entrenar.
Así había sido, y él había progresado muchísimo.
Hundió las manos en los bolsillos de su abrigo, a pesar que éstas estaban protegidas por un grueso par de guantes de lana que su jefa le había regalado y que juraba haberlos hecho ella misma.
Si no fuera por su loca y sobreprotectora jefa, él estaría completamente solo en el mundo.
Pero ni por ese pensamiento apático se permitió desanimarse, siguió caminando, deseando que esa Navidad por fin pudiera encontrarle algún sentido a su extraña existencia.
Estaba seguro que aquello que no recordaba era muy importante y marcaba un acontecimiento importante para él, si tan sólo pudiera recordar algo, pero por más que lo intentaba, sólo veía unos ojos de un azul puro y todo se nublaba en su mente.
Odiaba no tener control sobre sus propios recuerdos.
Y mientras más se enojaba, menos pendiente estaba de lo que lo rodeaba, y por eso se asustó cuando oyó una pequeña explosión tras él, y creyendo que había escuchado un disparo echó a correr en dirección contraria al ruido, ignorando por completo que aquello no había sido una explosión de una pístola, sino de un acto mágico no controlado.
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Cuando llegó a su departamento y se aseguró de cerrar todas las posibles entradas, se apoyó en la pared y se dejó resbalar, hasta quedar sentado en el suelo.
El corazón le latía aceleradamente, y Harry sentía como si quisiera salirse de su pecho, así que no hizo nada... para que sus nervios se calmaran un poco y así, él pudiera ponerse de pie sin que sintiera la necesidad de sujetarse de algo porque sus piernas parecían de gelatina.
Se fijó en uno de sus cuadros y tuvo la impresión que el sujeto que estaba retratado allí, a quien él desconocía, se había movido, pero lo atribuyó a su nerviosismo y apartó aquella idea de su mente, y se fijó en su sofá. Alguien había estado sentado allí o lo había movido, y el lo podía saber porque la correspondencia que él había dejado ahí en la mañana ahora estaba en el suelo.
Cerró los ojos con fuerza, ignoró todo lo que estaba fuera de su lugar y fue a su habitación a dormir.
Quizás cuando despertara al día siguiente las cosas volverían a parecerle normales, o simplemente habría olvidado todos aquellos extraños acontecimientos de ese día.
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Hermione miraba a Draco con obvio enfado, y este enfado parecía aumentar dado que la chica veía como el antiguo Slytherin la ignoraba olímpicamente, mientras caminaba de un lado a otro, murmurando lo que parecían ser palabras sin sentido. Al menos para ella, nada de lo que el rubio decía tenía explicación alguna.
"¿Por qué nos hiciste aparecer aquí, Malfoy?" Interrogó, al ver que el rubio no tenía intenciones de explicarle sus acciones.
El rubio los había hecho desaparecer del departamento de Harry, llevándolos al departamento muggle de Hermione, utilizando la Aparición Conjunta... pero lo que más la molestaba era el hecho que el rubio la hubiese tomado por sorpresa y hubiese actuado tan sorpresivamente sin haberle informado del 'cambio de planes'.
Draco frunció el entrecejo y le lanzó una mirada que igualaba la más furiosa de Hermione.
"¿Por qué?" Preguntó en un siseo, un tono peligroso que hizo retroceder un paso a Hermione, más que si le hubiese gritado. "¡¿Por qué?! ¡Te diré por qué! Porque el maldito de Potter no se acuerda de nosotros." Gruñó. "¿Cómo crees que va a tomar la noticia de que tiene inesperada y 'mágica' compañía ahora que se considera muggle?"
Hermione asintió, aunque no parecía compartir al 100% la opinión del rubio.
"Lo sé, por eso te dije que era una mala idea aparecerse por allá sin antes haber hablado con él." Empezó ella. "Pero tú quisiste adelantarte un par de días a la misión."
"¡Yo no sabía sobre su situación!" Gritó el rubio, su expresión era casi homicida. "¡Ustedes realmente no me incluyeron en el plan!"
Ella no lo negó, porque era cierto, había sido Draco quien había insistido, para sorpresa de todos, en formar parte de aquel plan.
Necesitaban a Harry Potter en el mundo mágico, se había convertido en un estandarte de la paz, y ahora que surgían nuevos conflictos, todos querían que su salvador surgiera más poderoso que nunca con intenciones de erradicar el mal del mundo mágico, o cuando menos de detenerlo.
Por eso mismo, Hermione había estado muy ocupada con el profesor Snape, trabajando en una poción para ayudar a Harry a recobrar sus recuerdos, y aunque no habían progresado mucho, querían probar sus avances en Harry. No hacía falta seguir probando en alguien más... querían que funcionara sólo con Harry.
"Eso sigue siendo información clasificada y confidencial, Malfoy. No puedes esperar que lo estemos divulgando. Hacemos esto por el bienestar del mundo mágico, y por Harry. Y yo olvidé que tú no sabías la verdad. Olvidé que tú no eras miembro del grupo original que iba a llevar a cabo el plan."
Draco no siguió reclamando, pero no por falta de argumentos, sino porque sabía que jamás iba a conseguir una disculpa por parte de la bruja.
"Hay que idear un mejor plan, una mejor forma de acercarse a él sin parecer sospechosos, no queremos asustarlo y que empiece a evitarnos." Comento el rubio, pasándose una mano por los lacios cabellos rubios.
Hermione asintió, estaba de acuerdo con él... no querían levantar sospechas ni incomodar al ojiverde.
"Intentemos hacernos pasar por clientes en el bar donde él trabaja. Eso quizás podría funcionar."
Draco pareció considerarlo un instante, antes de dar un leve asentimiento.
"Bien. Hagamos eso... no tenemos nada que perder."
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La música era suave y acogedora, la iluminación era mínima, brindándole visibilidad limitada a los meseros, pero algo de privacidad a los clientes del local, quienes agradecían enormemente ese detalle.
Había de todo tipo de historias en aquel bar, y Harry casi siempre era testigo del clímax y desenlace de cada una de ellas. Era él quien servía los tragos para brindar, o quien intentaba consolar al amante abandonado con un trago más fuerte de lo que éste estuviera consumiendo.
Se preguntaba quién sería el testigo de su historia.
¿Quién sabría la verdad sobre Harry Potter y por qué nadie quería compartirla con él?
"Un whisky en las rocas." Dijo una voz firme, y Harry se giró para ver quien se había sentado en la barra.
Ojos azules de una intensa tonalidad miraban en los suyos verdes, como esmeraldas. El dueño de aquellos ojos penetrantes, era un sujeto rubio, de facciopnes elegantes, altos pómulos, nariz pequeña y labios rosáceos.
"Enseguida." Respondió Harry.
Sirvió el trago y lo puso en un portavasos frente al rubio, quien apoyó un codo en la barra y se inclinó un poco hacia Harry, quien parecía también muy interesado en su interlocutor.
"Me pareces conocido." Dijo la voz firme y segura de Draco Malfoy, con una inflexión de genuina curiosidad que hizo a Harry reaccionar y estar aún más pendiente del rubio, pero no demostró su entusiasmo porque no quería parecer efusivo. "Como si hubiésemos convivido antes." Continuó Draco.
Se llevó su vaso a los labios y tomó un sorbo, mientras seguía examinando el rostro de Harry, fingiendo que intentaba recordar dónde se había encontrado previamente con su bartender.
Harry sonrió, tan amablemente como pudo, sin demostrar nada más que mera cortesía.
"Lo lamento, pero no lo recuerdo, Señor."
El rubio lanzó una carcajada nada sutil, que hizo a Harry fruncir el ceño, irritado por la burla del hombre que estaba sentado frente a él.
"Disculpa, pero me ofendes diciéndome así." Explicó y tendió su mano a Harry. "Mi nombre es Draco Malfoy. Llámame Draco."
El ojiverde enarcó una ceja, molesto porque pensaba que al oír el nombre de su interlocutor iba a poder recordar algo... pero nada, su mente seguía negándose a ayudarlo.
"Harry Potter." Harry aceptó la mano del rubio y le dio su nombre, que era lo único cierto que sabía de sí mismo.
"Un placer, Harry." Dijo, una sonrisa adornaba su expresión. "¿Puedo llamarte así?"
El bartender simplemente asintió, no veía ningún inconveniente... después de todo, ése era su nombre, que alguien lo empleara, además de su jefa, iba a ser bueno.
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Hermione no apartaba la vista de la escena que se desarrollaba ante sus ojos, sospechaba de la actitud tan 'amable' del rubio, pero sabía o al menos esperaba, que fuera una actuación del rubio... aunque sabía que éste siempre había sido convenenciero, y actuaba de la forma en que mejor le iba a él.
Tenían que entablar una conversación con Harry, decirle que habían estudiado juntos, y así irle soltando poco a poco la bomba, para que no le explotara en la cara al ex mago.
Iba a esperar a que Draco hablara un poco más con él antes de acercarse ella.
Quería tomar las cosas con calma, porque odiaba el hecho que Malfoy fuese quien estuviera tomando las decisiones, ignorando cada uno de los comentarios que ella hacía. Típica actitud de niño mimado que siempre obtiene lo que quiere... aunque ella estaba fomentando ese comportamiento al no oponer mayor resistencia.
Vio al rubio continuar su plática, como sonreía misteriosamente, envolviendo a Harry en alguna mentira que probablemente luego no fuera a ser muy útil.
Cuando el rubio iba por el tercer trago, decidió acercarse, no quería perder más tiempo ni darle más oportunidades a Malfoy, ya que no confiaba en él, a pesar de permitirle estar involucrado en aquel plan. Estaba arrepentida de haberle dicho que sí... muy arrepentido.
Se puso en pie, con su copa de vino en la mano y se sentó junto al rubio.
"Draco." Dijo, habían acordado que al menos mientras estuvieran frente a la presencia de Harry iban a llamarse por sus nombres, para no levantar ninguna sospecha. "Te has olvidado de mí."
Harry miró a la recién llegada con curiosidad, al ver la forma tan informal con que se dirigía a Draco. Una confianza que él no tenía con nadie debido a su condición de amnésico.
"Oh... tu rostro me es familiar." Dijo ella, había ensayado aquella reacción con el rubio, pero notó que su tono era un poco exagerado al ver que el rubio giraba los ojos. "Hola... soy Hermione Granger. Creo que estudiamos juntos."
Draco golpeó la barra con la mano.
"Lo ves. Te dije que te conocía de algún lado." Comentó casualmente, tomó un trago de su whiskey y continuó. "Harry Potter, ella es Hermione Granger, como muy amablemente se ha presentado. Hermione, él es Harry." Sonrió de lado. "Y como ella muy sabiamente ha atinado, creo que estudiamos juntos."
Harry sonrió, la primera sonrisa genuina que le mostraba a aquellos desconocidos.
"Mi turno termina en una hora... podríamos hacer algo." Dijo Harry.
Draco negó.
"Es muy tarde, Harry, pero mañana definitivamente haremos algo... tengo que escoltar a la dama a su habitación de hotel antes de irme a mi propia habitación... ella tiene compromisos laborales mañana, pero nosotros podremos ponernos un poco al día."
Hermione iba a rehusarse, cuando Harry habló.
"Me parece bien... podemos reunirnos en el café que está en la esquina de esta calle."
El rubio sonrió, confiado.
"Por supuesto, Harry."
Y ella, no tuvo más remedio que aceptarlo.
TBC
Notas de Lena:
El primer capítulo está listo... Draco claro que planea algo, qué es lo que planea, eso lo verán más adelante. Pobre Hermione que le toca andar de niñera no sólo de Harry, sino también de Draco. _________________
Haitsu lover
Ultima edición por Lena el 22 Apr 2008 4:53 pm; editado 1 vez
Lena sabias ke te adoro? muchas gracias por traer este fic y creeme claro ke puedes ponerlo en otras paginas, no soy envidiosa y ke mejor ke las fans de esta pareja puedan disfrutar de tus fics!!
Gracias muchisisisimas gracias, esperare el capitulo 2 la bestia esta conforme.... almenos por ahora :smt016 _________________
Logré terminarlo hoy, amiga... así que espero puedas leerlo hoy mismo... para que te desestreses un poco... carece de interacción Harry-Draco, pero seguro que encontrarás algo que te interesa... creo.
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Capítulo 2. Camino ventoso
Comprender a Draco Malfoy no entraba dentro de sus planes: pero ahora tenía que verse arrastrada en aquel misterio que era el joven rubio, porque éste parecía tener motivos propios para hacer lo que hacía, y Hermione aún no confiaba plenamente en el rubio, ¿cómo hacerlo cuando éste mismo se habí empeñado en ser desagradable con ellos tres en su época en Hogwarts.
No dudaba de la lealtad del rubio, sabía que haber perdido a sus padres realmente lo había hecho comprender que la ideología de su padre no era lo correcto, y aunque aún seguía siendo esnob, no iba en contra de los muggles o magos mestizos; de lo que dudaba, era de las intenciones que Malfoy pudiese tener.
Por eso mismo se oponía al encuentro privado de los antiguos rivales, y había llamado a Ron, para que la ayudara, porque realmente no quería dejar solo a Harry con Malfoy, al menos no hasta haber hablado seria y largamente con Harry.
Ignoraban por completo cómo iba a tomar la noticia de que era un héroe en el mundo mágico, es más, desconocían por completo cómo iba a tomar la existencia de un mundo mágico, mismo en el cual había vivido desde que cumplió 11 años hasta que derrotó al mago más tenebroso conocido por la comunidad mágica.
Dudaba del tacto de Malfoy, y no lo creía capaz de comunicarle tan importante noticia al chico, es más, simplemente no quería fuera él quien pidiera ayuda a Harry y le explicara la actual situación que los hacía irlo a molestar en su ahora lejana de la magia vida. Pero realmente no tenían ninguna otra opción. Harry tenía la magia, aunque ya no la usara, y la comunidad mágica lo aclamaba.
Todo era tan confuso y extraño, y todas aquellas desapariciones de magos y muggles solamente terminaban por alterar más a la joven, quien ya no sabía ni cómo actuar. Tan sólo quería un poco de paz y armonía, y estaba segura que, una vez más, estaba en manos de Harry liberarlos del tormento que vivían.
Ella había llegado muy lejos en la elaboración de aquella poción en la que había estado trabajando, con la intención de devolverle a Harry aquellos recuerdos que se habían perdido.
Y aunque no supiera el motivo de la amnesia, sabía que faltaba muy poco para poder darle a Harry una copa de la poción, lista y finalmente aceptada oficialmente por el Ministerio de Magia.
Tachó una anotación en sus notas, y se pasó una mano por el abundante cabello castaño.
Escuchó un 'plop' cerca de ella y supo, inmediatamente, que no estaba sola.
"Aquí estoy, Hermione." Dijo Ron Weasley, alto y delgado, con rostro sonriente, lleno de pecas. El pelirrojo parecía de buen humor, porque no sabia aún el motivo por el que lo había llamado la chica, pero Hermione sí se había asegurado de decirle que ya habían encontrado a Harry.
Durante el tiempo que estuvieron sin su mejor amigo, el pelirrojo siempre parecía tan apático y malhumorado que no daban ganas de estar a su lado, ya que manifestaba su frustración al actuar desagradablemente con quienes lo rodeaban.
Por eso mismo, lo primero que hizo al comunicarse con el pelirrojo fue decirle que ya habían establecido contacto con su amigo, y que ahora sólo tenían que contarle toda la historia de su vida, motivo por el cual lo necesitaba a él, ya que él siempre había sido tan cercano a Harry. Ella siempre había sabido cómo convencer al pelirrojo, ya que a Ron siempre le había gustado sentirse importante.
"Llegas justo a tiempo." Sonrió ella, dejando sus notas y acercándose a su amigo, quien no parecía caber en sí mismo de tanta emoción que estaba experimentando. Ella le indicó con un gesto que se sentara, y así lo hizo su amigo, ella lo imitó. "Tengo que pedirte un enorme favor... sé que tienes mucho que hacer, pero es por Harry."
Ron asintió, estaba decidido a ayudar y ser útil, si era sobre Harry, incluso mejor... porque podría ver a su amigo.
"No te preocupes, tú sabes que cuentas conmigo para lo que sea." Empezó, no le había sido de gran utilidad a su amigo en la batalla contra Voldemort, y más allá de serle de alguna ayuda le había estorbado al haber sido uno de los blancos de ataque de los Death Eaters, y su amigo había querido protegerlo, no sólo a él, sino a todos los que estaban en peligro, porque así de ingenuo era Harry. Por eso mismo, ahora no pensaba fallarle a Harry. "Necesitamos a Harry, y si puedo ayudar, no dudes que lo haré."
Ella sabía que Ron iba a querer ayudar, así ya tenía un punto a su favor, en contra del Slytherin. No odiaba al rubio, es sólo que no quería que éste le ocasionara problemas ahuyentando a Harry, ya que iba a ser complicado conseguir su ayuda si Malfoy hacía las cosas de un modo difícil.
"Es todo culpa de mi trabajo, así que necesito que vayas a encontrarte con Harry. No quiero dejarlo solo con Malfoy." Dijo, observaba fijamente al pelirrojo, y por el tic nervioso de su ceja, supo que Ron iba a aceptar su petición. Incluso antes de preguntar sobre cualquier otra cosa referente a Harry o al encuentro, y pasando por alto, como siempre, que Malfoy era un mejor mago que él.
Pero eso siempre iba a seguirlo ignorando, porque en el mundo de Ron Weasley no entraba la idea de que el hurón saltarín fuera mejor que él... aunque todos supieran que así era.
"Claro que iré." Aceptó. Pensó un momento antes de preguntar. "¿Y qué tiene que ver el hurón con todo esto?"
Ella sonrió de lado.
¿Cómo olvidar aquel apodo 'cariñoso' que el rubio le había puesto a su enemigo?
Ella sabía que la rivalidad del rubio estaba centrada solamente en Draco, pero los agredía a ellos por extensión, porque sabía que cada insulto a los amigos de Harry, terminaba doliéndole a él también, por ser incapaz de detenerlos. Pero Ron parecía odiar a Malfoy genuinamente, a diferencia del antiguo Slytherin, quien simplemente actuaba para conseguir una reacción en su verdadero enemigo.
Sólo ella lo había comprendido, y no le sorprendía.
"Él forma parte de la misión, él se hizo parte de esto." Explicó. "Se enteró, gracias a sus contactos, que estábamos buscando a Harry e ideando un plan para pedirle que se uniera a la lucha; y por un motivo que sólo él parece conocer, ya que Harry no recuerda, exigió formar parte del plan. Pero, a pesar que el tiro le salió por la culata, porque Harry simplemente no lo recuerda, parece ser que nuestro amigo siente cierta fascinación por Malfoy que podría convertirse en un problema. Por eso quiero que te los encuentres... 'casualmente'."
Ron asintió, alarmado ante la posibilidad de que su amigo pudiera interesarse en Draco Malfoy, el mismo ser humano que había actuado en contra de ellos por puro capricho, rencor y un odio que le había heredado a toda su ascendencia Death Eater. ¿Por qué el hurón de entre todas las personas?
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Harry despertó de muy buen humor ese día, no había nada que pudiera haberlo bajado de la nube en que se había subido, desde que conoció a dos personas que parecían conocerlo.
Quizás ni el rubio ni la otra joven fueran capaces de resolver todas sus dudas existenciales, pero cuando menos ya tenía un punto de partida, y sabía que algún tipo de información iba a ser capaz de conseguir, porque si había convivido en la 'escuela' con esas personas, significaba que no ignoraban todo de la vida de Harry.
Esperaba que alguno de sus dos antiguos compañeros pudiera responder la pregunta al por qué de su amnesia, aunque no se alegraba demasiado ni guardaba demasiadas esperanzas respecto a eso, ya que podría descubrir que ellos también ignoraban aquella situación.
Miró el reloj que estaba sobre el buró junto a la cama, apenas eran las 7:00 AM, así que no tenía mucha prisa, antes que el rubio se fuera, habían pactado encontrarse en el café cercano a su trabajo a las 9:00 AM, así que gozaba de un par de horas más para poder descansar cómodamente sin tener que estar apresurándose... bueno, una hora y media para seguir recostado.
La noche anterior finalmente había conseguido dormir como no lo había hecho en esos dos años desde que un día despertó y no recordaba por qué estaba donde estaba. Lo único que sabía con certeza eran sus propios datos personales, pero eso no parecía ser de gran ayuda, porque no habían indicios escritos y legales de la existencia de Harry Potter y tampoco ningún familiar que le contara quién demonios era y por qué estaba amnésico. A pesar de que Harry Potter parecía no existir, él sabía que ése era su nombre.
Lanzó un suspiro de cansancio, había pasado mucho tiempo resignado a vivir una vida que se sentía ajena y que le parecía incompleta, sólo porque no parecía haber ningún vínculo con su antigua vida, pero había encontrado uno y pensaba sacarle el mayor provecho posible, ya que dudaba que sí, dejaba pasar ésta. otra oportunidad volviera a aparecer tan fácilmente.
Se apartó las cobijas del cuerpo y acomodó a medias la cama antes de dirigirse al baño a tomar una prolongada ducha fría. A él siempre le habían gustado las duchas heladas, sentir el agua fría golpeándole, la sensación de las gotas frías rasgando perversa y dolorosamente su espalda, como cuchilladas que no atravesaban su piel ni lo cortaban... latigos líquidos que resbalaban por toda su anatomía, hasta ser arrastradas por la coladera.
Cuando salió del baño, envuelto en una toalla, cogió la ropa que había sobre una silla y se vistió. Jeans un poco viejos, algo desgastados y rotos de la parte inferior, una camisa negra, un poco formal, contrastando armoniosamente con el pantalón. Se calzó sus zapatos negros y se pasó un peine por el rebelde cabello, sin mucho éxito, dándole un look despeinado que pareció convencerlo, especialmente sabiendo que no podía hacer nada más por su indomable cabellera.
Quería causar una mejor impresión en el elegante rubio, quien lo había visto trabajando en el bar.
No sabía por qué, pero había algo en aquella mirada plateada que parecía capturar su atención de una forma que no le había sucedido jamás antes... y si le había sucedido, simplemente no lo recordaba. Pero dudaba que una emoción de ese tipo pudiera ser erradicada de sus pensamientos, a pesar de la amnesia.
Se negaba a admitir que no creía no recordar al rubio.
Draco Malfoy, había dicho, era su nombre.
El nombre tampoco le decía nada, quizás, cuando recuperara un poco más de sus recuerdos (aunque realmente lo dudaba, en dos años no había conseguido recordar nada, y eso le frustraba enormemente) quizás sabría cómo había caído en la fascinación de aquellos ojos del color más puro que hay en el mundo.
Salió de su departamento, mirando de reojo a aquel cuadro que parecía tener vida propia, pero el hombre ahí retratado parecía tan quieto como debería estar.
Estaba alucinando al creer, en verdad, que el habitante de un cuadro tuviese vida.
Seguro que su propia amnesia no era más que un signo de locura.
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Para Draco era una experiencia emocionante, haberle ganado a Hermione Granger una vez, aunque ya no estuvieran en Hogwarts y no pudiera humillarla, porque sabía que así no iba a poder ganarse la confianza del ex Gryffindor.
Sabía lo difícil que eso era.
Pero sabía que iba a conseguirlo.
Él era un Malfoy, y los Malfoy siempre consiguen lo que quieren, especialmente él, que estaba acostumbrado a que las cosas se hicieran como él quería, porque él siempre tenía la razón. Aún le faltaba encontrar a alguien que pudiera vencerlo... alguien que no fuera la misma persona a quien ahora iba a ver.
Harry lo había derrotado una vez, pero al rubio no le había molestado, porque no había, realmente, salido perdiendo de aquella batalla.
Lo suyo era una confrontación que parecía ir más allá, siempre que terminaban una batalla, encontraban una nueva forma de superar los golpes que se lanzaban, y el rubio estaba seguro que el último estadio de su pelea había sido el mejor... era una lástima que el Gryffindor hubiese terminando perdiendo la memoria en aquella decisiva batalla.
Aún lo recordaba tan claramente.
"Si salgo vencedor de esta batalla, Malfoy... tú serás mi siguiente oponente." Había dicho... su voz suave y baja, tan amenazante como jamás había escuchado al joven.
"No me asustas, Potter."
El ojiverde acortó la distancia entre ellos, sujetó al rubio del cuello de su túnica y lo pegó a la pared más cercana. "Más te vale temer, Malfoy... cuando venza a Voldemort, no habrá nadie más poderoso que yo en todo el mundo mágico. Piénsalo de esa manera."
Sí, aquello lo había dejado deseando aquel enfrentamiento.
La seguridad con la que el joven se había dirigido a él, aquel tono firme y amenazador... Draco jamás había deseado tanto que algo ocurriera, como aquel día.
Era una lástima que el Dark Lord hubiese lanzado aquel poderoso hechizo que él no comprendía, y que Harry había contraatacado, pero el daño ya estaba hecho.
Sí... había investigado un poco y sabía algo que Hermione Granger ignoraba, y que era de vital importancia para la elaboración de su poción.
Se lo diría si lograba lo que quería... después de todo, él también quería que Harry recuperara la memoria.
Pero no por eso iba a dejar de divertirse un buen rato.
Miró la hora... era tiempo de ir a encontrarse con Harry.
TBC
Notas de Lena:
Sé que no son largos... pero es que apenas estoy sacándole lo bueno de poquito en poquito para que ya después cuando esto esté más desarrollado me pueda explayar un poquitín más, jaja... Para satisfacer a mi buena amiga, Lady Hellsing... disfrútenlo. _________________
Ok, actualización pronta porque terminé el camino antes de lo pensado, quizás se debe a que la escena entre Harry y Draco me la había imaginado ya, y la forma de ser del rubio con Ron era algo que hasta yo misma esperaba,
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Capítulo 3. El café de la cuarta avenida.
Ron Weasley no era un mago excelente, por eso no había logrado convertirse en un Auror, a diferencia de Hermione, quien había aprobado satisfactoriamente el curso... quizás no tan bien como ella esperaba, pero lo había conseguido, así que por ello mismo la joven formaba parte del grupo que se encontraba de la búsqueda de Harry, y de la captura de quien fuera que estaba haciendo desaparecer magos y muggles en ese momento.
Todos estaban preocupados, porque recordaban con temor la época en que Voldemort hizo eso mismo.
Hermione le había comentado un poco de su misión, y le había dicho que seguía sin encontrar el ingrediente clave que hiciera que su poción tuviera éxito, de modo que aún no podían arriesgarse a dársela a Harry, porque podría terminar envenenándolo, y eso no era lo que querían hacer. Ellos buscaban que su amigo recuperara la memoria, que volviera a ser el mismo joven alegre y valiente que habían conocido en el expreso de Hogwarts.
'Yo traeré de vuelta a nuestro amigo.' Había prometido a Hermione, y sabía que iba a cumplir su promesa, porque eso era aquello en lo que Ron Weasley era bueno.
Además, tenía una muy buena motivación.
Molestar a Draco Malfoy siempre era algo a lo que él no iba a negarse... iba a humillarlo, una vez más, como aquella vez en el Expreso de Hogwarts, cuando Harry escogió la amistad de Ron Weasley por sobre la de Draco Malfoy.
Sí, su amigo siempre había sabido distinguir entre los buenos y los malos.
Siguió caminando en las calles del Londrés Muggle, él no estaba muy acostumbrado a transitar por aquella zona, pero no se sentía muy extraño en ella, estaba acostumbrado a vestir de muggle, y lo hacía muy bien, así que no se preocupaba por levantar ningún tipo de sospechas.
Pero odiaba la idea de tener que entablar conversaciones muggles con su mejor amigo, cuando nunca antes lo habían hecho.
En el pasado, Harry siempre parecía querer cortar sus lazos con el mundo muggle, y ahora, sin embargo, ahora su amigo formaba parte de ese mundo, y él se tenía que ver obligado a arrancarlo de aquel refugio seguro donde su amigo ahora encontraba su vida diaria y la vivía, al parecer, a gusto.
Debía ser fácil.
Acostumbrarse a vivir sin preocupaciones debía ser justamente el mejor regalo para alguien que había sufrido tanto en el pasado y que había perdido a su familia y a casi todos los seres importantes en su vida.
Él lo habría considerado un regalo.
Pero, claro, él también había deseado la vida de Harry cuando estaban en Hogwarts. Ser el centro de atención siempre había sido su más grande anhelo.
Qué tan difícil podría ser?
Miró de reojo a su alrededor, sabiendo que había llegado al lugar donde Harry y Malfoy se iban a encontrar, así que aguzó la mirada, porque tenía que encontrarlos de forma casual y evitar la mención de Hermione, porque el rubio iba a atar cabos, y él tenía que evitarle discusiones a Hermione con Malfoy, porque su amiga estaba más preocupada en su propia misión.
Habían pros y contras en el trabajo de Hermione.
Su amiga jamás había estado más emocionada en su vida, ante la posibilidad de ser ella quien brindara una solución al problema que se presentaba en ese momento, la amnesia de Harry, y por la importancia de la poción en sí misma. Su amiga iba a ser una especie de celebridad en el mundo mágico.
Los contras... o más bien el único contra, era el hecho que Hermione estaba siendo supervisada por la última persona por quien cualquiera de ellos quisiera ser supervisada: Severus Snape.
Su antiguo profesor de Pociones era una eminencia en la preparación de éstas, por eso mismo ayudaba a la bruja en sus investigaciones y en todas las pruebas que ésta había realizado. Snape seguía siendo arrogante y cruel con ellos, pero cuando estaban trabajando se guardaba sus humillaciones y simplemente ayudaba a Hermione.
Gracias a Snape habían logrado un gran avance, que Hermione bien podía haber hecho sola, pero que le habría tomado muchísimo más tiempo.
Su radar localizó a su amigo rápidamente.
Harry no había cambiado mucho.
Aquellas gafas redondas seguían cubriendo parte de su rostro, reflejando la luz del sol que entraba verticalmente por la ventana de aquel café; su cabello negro seguía estando despeinado, dándole un aspecto de recién levantado de una cama que no parecía irle tan mal, su rostro, sin embargo, había cambiado un poco, demostraba madurez, una que en su época de Hogwarts no era tan notoria, pero que a pesar de todo, siempre había tenido.
Para mala fortuna de él, y del universo entero, a su parecer, su amigo ya estaba acompañado.
El mismo rubio que los había torturado en su época en Hogwarts conversaba animadamente con Harry, haciendo sonreír ocasionalmente a su amigo.
No le gustaba la familiaridad con la que ambos jóvenes estaba tratándose.
La sonrisa de Malfoy no parecía fingida, pero tampoco parecía muy digna de confianza, sabía que el Slytherin estaba planeando algo, podía verlo en aquellos ojos de tonalidad plateada que observaban fijamente a su mejor amigo, mientras éste se llevaba la taza de café a los labios, una sonrisa aún dibujada en su rostro.
No lo soportó mucho tiempo y por eso mismo entró al lugar.
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Draco estaba entretenido.
Jamás imaginó que pudiera tener una conversación normal con Harry Potter, una que no involucrara amenazas ni conjuros mágicos con intención de herirse mutuamente.
Era una extraña escena aquella de la que él estaba formando parte.
El Gryffindor era una persona extremadamente modesta, le gustaba... ya que siempre había imaginado que a Harry le gustaba presumir ser el centro de tantas atenciones, pero ahora veía que el joven estaba disfrutando bastante su anonimato, y que parecía ser que lo único que quería era saber quién era él en realidad.
Si el joven tan solo supiera que eso se llevaría su tranquilidad quizás no pediría la verdad.
"Entonces," Empezó el ojiverde, su tono de voz esperanzado, como si tuviera la certeza que en Draco iba a encontrar todas aquellas verdades que su mente se negaba a darle. "¿cómo fue que nos conocimos?"
El rubio lo pensó un momento.
Sabía que debía decirle la verdad al joven, era la orden que habían recibido de sus superiores en el Ministerio de Magia, porque acercarse a Harry a base de mentiras simplemente iba a herir al joven, quien probablemente luego se rehusara a formar parte del equipo, especialmente tomando en cuenta que ignoraba todo lo que hay que saberse sobre la magia.
También sabía que existía la posibilidad que Harry simplemente se pusiera de pie y se marchara cuando oyera la verdad.
Agradecía que había muchos muggles presentes, porque estaba seguro que con una audiencia así de grande el Gryffindor no iba a poder hacer una escena digna de película. En serio lo agradecía, él no estaba para lidiar con las emociones de Harry Potter ni para servirle de consuelo, era lo último que pensaba hacer en su vida.
"No fue muy interesante," Dijo el rubio, restándole importancia a todo el asunto. No iba a mentirle a Harry, pero iba a actuar como si aquel tipo de pláticas la sostuvieran a diario dos personas... en su mundo, más o menos así era la cosa. "estábamos en el Expreso de Hogwarts."
Harry frunció el ceño.
Hogwarts, el nombre le sonaba tan familiar y al mismo tiempo tan extraño que no sabía cuál debía ser su reacción.
Le había comentado al rubio que no recordaba nada, que un día, hace dos años, había abierto los ojos y estaba en aquella amplia cama de su departamento, y que no recordaba haber llegado ahí ni nada de lo que había vivido anteriormente.
El rubio lo había escuchado atentamente, ocasionalmente regalándole una leve sonrisa misterioso y una expresión de entendimiento, aunque el joven dudaba que alguien realmente pudiera comprenderlo. Perder 18 años de tu vida no es algo que a uno le ocurra todos los días, o un evento común que muchas personas estén experimentando.
"Antes que nada, Harry, tienes que escuchar toda la historia, antes que decidas marcharte y decidir que estoy loco. ¿Me entiendes?"
Harry miró fijamente al rubio, esperando que éste le dijera que esa línea recién salida de su boca era una broma, pero vio una seriedad genuina en ese rostro que supo que Draco Malfoy no estaba engañándolo, y que lo que estaba a punto de escuchar era el pasado que había estado buscando... pero por algún motivo, en ese momento ya no quería saber.
"Ok." Aceptó el joven. "¿Es una larga historia?"
Draco sonrió, casi burlonamente.
"No te preocupes, Potter... no es para nada aburrida."
La forma en que el rubio le había hablado, hizo que tuviera aquella misma visión.
Ojos de penetrante belleza, del color de la luna llena, cegados por la ira, por algo más.
Sacudió la cabeza y miró al joven, esperando a que éste continuara.
"Lo primero que tienes que saber, y espero que no hagas un escándalo por esto... es que eres un mago, Harry."
Harry lo escuchó, pero no lo asimiló instantaneamente... la palabra mago danzó por su cerebro unos segundos antes de que él comprendiera realmente lo que el joven frente a él estaba diciéndole. No parecía que fuera una broma, pero la unión de aquellas palabras en aquella oración parecía absurda: 'eres un mago, Harry' no era algo que esperaba escuchar, ni tampoco lo veía como la solución a todos sus problemas.
Él siempre imaginó que había sufrido algún accidente y que por eso mismo no recordaba nada, pero claro, eso no explicaba el por qué en vez de despertar en un hospital había despertado en la seguridad de su departamento.
"No te burles de mí." Dijo, con voz molesta. "Ni siquiera nos conocemos, ¿no es así?"
El rubio rió, esta vez más abiertamente, ¿qué sentido tenía seguir siendo 'amigable' con el joven cuando estaba a punto de contarle la verdad? Y en la verdad se incluía que ellos dos eran rivales.
Eso era algo que no se podía pasar por alto.
"Claro que nos conocemos. Tu nombre es Harry James Potter, estudiaste en la Escuela Hogwarts de magia y hechicería durante 7 años en la ridícula casa de Gryffindor, donde conociste a tus, también ridículos, amigos. El problema estaba en que había alguien que siempre tuvo el deseo de librarse de ti. Un mago tenebroso..."
"No te creo." Susurró Harry. Pero su tono de voz, siseante, denotaba que era una orden implícita para que el rubio se detuviera y dejara de contarle aquella sarta de mentiras.
El rubio negó.
No estaba ahí para cumplir con las peticiones del 'Niño-que-vivió' sino con las órdenes de sus superiores en el Ministerio de Magia.
"No me hagas reír, Potter... jamás seguí órdenes tuyas... ¿por qué habría de hacerlo ahora?" Preguntó. "El Ministerio de Magia ha estado buscándote, porque después de tu batalla contra el Dark Lord desapareciste de San Mungo, donde te llevaron para curar tus heridas... aunque eso puede no ser cierto. Hasta hace poco yo creía que eras un cobarde que había huido de sus responsabilidades, pero Granger me dijo que estabas amnésico."
Una risa aún más burlona.
"Irónico, ¿no?"
Harry entrecerró los ojos.
"Supongamos que te creo." Empezó. "¿Por qué no viene uno de mis 'ridículos amigos' a contarme esta historia en vez de ti?"
"Una de ellas está muy ocupada encontrando la solución a tu amnesia y el otro ni siquiera forma parte del grupo de aurores que forma parte de esta misión." Explicó. "Como estaba diciéndote, aún no se sabe el por qué olvidaste todo lo referente al mundo mágico y no cosas tan triviales como tu nombre, tu edad y fecha de nacimiento, ese tipo de cosas que uno no considera tan importante cuando tomamos en cuenta quién eres tú y tu rol en el mundo mágico."
Harry rodó los ojos.
"Quizás por eso mismo lo olvidé. ¿Quién quiere tanta responsabilidad a tan corta edad? No es normal."
El rubio rió.
"Tienes razón. Pero haberte refugiado en el mundo muggle sigue careciendo de lógica, en mi opinión."
Harry se encogió de hombros.
"No entiendo qué es lo que tú no entiendes. Y toda tu historia suena anormal."
El rubio enarcó una ceja elegantemente, cuestionando a Harry acerca de su opinión.
"Sí, mira... no entiendo como dices que soy mago, sin embargo he estado sufriendo por intentar conseguir trabajo, por sobrevivir día a día y por intentar recordar quien soy... Si fuera un mago, nada de eso me habría sucedido."
Fue el turno del Slytherin de rodar los ojos.
"Eres como uno de los niños muggles que son llamados para estudiar en Hogwarts."
Harry sonrió, ignorando lo que en realidad quería decir el rubio, y también ignorando qué demonios significaba ser un muggle. Quería preguntarlo, pero pensaba que el rubio iba a volverse a reír de él, así que por eso mismo simplemente no dijo nada y sonrió. Era su mejor opción en ese momento.
Cuando iba a abrir la boca, una tercera persona, desconocida a sus ojos, se acercó a la mesa donde estaban ellos dos y jaló a Harry hasta que éste estuvo en pie y lo estrechó con una fuerza que asustó al joven. Era extraño que un desconocido, al menos para él, llegara de la nada y te estrechara como si fueran grandes amigos.
Quizá lo eran, pero eso no justificaba su acción.
"¡Harry! Tanto tiempo sin verte." Exclamó el pelirrojo pecoso que estaba frente a él, su sonrisa era tan grande que hizo sentir momentaneamente mal a Harry por no recordar quien era aquel extraño personaje que estaba frente a él, tan extasiado de haber tenido un encuentro casual con Harry en aquel café.
"¿Y quieres que yo crea, Weasley, que tú visitas el Londres Muggle para venir a tomar un café todas las mañanas?" Preguntó el rubio con el ceño fruncido.
Harry suspiró, porque eso significaba que el pelirrojo era alguien de confiar, pero que estaba interrumpiendo aquel encuentro, y eso al rubio le molestaba sobremanera.
"Malfoy." Saludó el rubio, pero el veneno en su voz fue suficiente para alertar a Harry que no debía permitir que esos dos iniciaran una discusión, porque no podría detenerlos. O al menos eso era lo que él creía.
"¿Qué haces aquí, Weasley?" Preguntó. "¿Acaso Granger no confía en que yo sea capaz de decirle a Harry Potter toda la información... o cree que voy a dejar fuera aquellos sagrados y preciosos momentos que compartió con ustedes dos?"
El pelirrojo se tornó colorado.
Eso era justamente lo que él había creído, que el rubio iba a intentar querer lavarle el cerebro a su amigo.
"No tengo intenciones de robarle a su mejor amigo..." Dijo. "Gryffindors."
"¿Te ha contado todo, Harry?"
El joven se encogió de hombros.
"Todo esto me suena a una gran broma de parte de ustedes dos..." Dijo con voz seria. "No sé si lo que me dices es cierto o no, pero no tengo intenciones de averiguarlo."
Se levantó de su asiento y lanzó una última mirada a los dos jóvenes.
"Lo siento." Dijo, dirigiéndose al pelirrojo que tenía una expresión de desolación en el rostro, al saberse abandonado, de nuevo, por su mejor amigo.
Cuando Harry hubo salido, el rubio sacó el dinero necesario para pagar por el consumo de lo suyo y Harry, miró al pelirrojo de reojo, con desagrado.
"Sabía que para lo único que eras bueno era para arruinarle las cosas a Harry, pero jamás imaginé que yo pudiera sufrir las consecuencias de tu estupidez, Weasley. Muchas gracias," dijo, con odio en la voz. "has retrasado un poco más el regreso de Harry al mundo mágico, pero no te molesto más, seguro que tú mismo estás dándote cuenta de lo estúpido que fuiste. Granger va a estar emocionada cuando se entere de la noticia."
Ron se quedó de pie en aquel mismo punto, pensando en el error que acababa de cometer.
TBC
Notas de Lena:
¿Muy cruel con Ron? Es que quería darle un momento a Draco de ser como es realmente... _________________
Waaaaaa me encanta como pones a Draco... me gustan los hombres berrinchudos como el, y asi tal cual es!!! elegante, lindisimo con ojos hermosos, arrogante, seguro de si mismo, fuerte, etc etc etc etc :smt049
Jooooooooooo estare al pendiente del nuevo capi te lo aseguro lena kerida!!! :smt029 _________________
Para Harry saber que algo tan extraño como lo que el rubio le había narrado pudiera ser realidad, le daba respuesta a muchas excentricidades en su propia existencia, sin embargo no quería darle crédito a las palabras de un desconocido, porque justamente eso eran las tres personas que, de repente, se habían aparecido en su vida.
Estaba reaccionando a la bizarra explicación que había recibido, pero sabía que no estaba exagerando, cualquiera sabría que una historia de magia es algo completamente falso.
Si él fuera un mago no tendría todos los problemas que estaba experimentando actualmente, y el asunto de la amnesia sería algo que podría solucionar con el chasquido de sus dedos, pero no, ahí estaba... sentado en su cómodo sofá, volviéndose loco porque a pesar de no creer por completo las palabras del rubio había algo en su interior que le decía que tenía que darle el beneficio de la duda.
No dudaba que el rubio o alguno de los otros dos sujetos: la mujer o el pelirrojo, fueran en su búsqueda, por eso mismo también estaba un poco más tranquilo. Aún podría volverlos a ver y exigirles que le explicaran la verdad, o cuando menos que le dijeran porque estaban jugándole aquella broma tan pesada a él.
No se creía merecedor de aquel tipo de sucesos.
Quizás era algún tipo de venganza por algo que él les había hecho en el pasado, pero no estaba tan seguro de eso, porque al recordar la mirada de profunda desolación que había adoptado el rostro del pelirrojo sentía que había algo que estaba pasando por alto, pero con tantas cosas que sonaban tan falsas, no sabía cómo reaccionar, y huir siempre había sido una tentadora opción.
Huir de su propia existencia no sonaba tan mal en aquel momento.
Quería simplemente desaparecer, porque el dolor de cabeza que llevaba más de una semana experimentando, y que había olvidado momentáneamente, gracias a la intervención del rubio, había hecho acto de presencia con mayor intensidad desde que huyó de aquel café.
Odiaba no recordar nada y que aquel borroso recuerdo que parecía querer sobrevivir de entre la neblina de su cerebro, no fuera algo más nítido.
Ojos azules, que le observaban como burlándose de él, y una boca roja que se curveaba en una maliciosa sonrisa.
Y eso era todo lo que recordaba.
Pensarlo constantemente sólo conseguía ponerlo de mal humor, porque se forzaba por recordar algo que no podía convocar.
Era como estar de pie frente a una puerta cerrada, y él estaba ahí, observándola, esperando que la llave apareciera por arte de magia en sus manos, para poder entrar y observar qué era aquello que se ocultaba en su mente.
Realmente dudaba ser un mago.
Porque no tenía la apariencia de uno, además ignoraba cómo hacer magia, y las cosas no ocurrían cuando él así lo quería.
Su trabajo era una gran broma... le había tomado meses poder ser un bartender aceptable, y a pesar del tiempo que llevaba trabajando ahí, seguía odiándolo tanto como al principio, porque se sentía como un bicho raro rodeado de tantas personas tan excéntricas.
Había conocido personas que eran agradables con él.
Una de las meseras, su nombre era Sally, siempre se tomaba tiempo para ayudarlo cuando podía, para aliviarle un poco la tensión que le ocasionaba estar allí.
Y había un mesero con quien Harry no interactuaba mucho, porque el joven parecía demasiado interesado en Harry... demasiado para su propio gusto. Le asustaba la forma en que siempre le observaba fijamente y parecía quererlo devorar con la mirada.
Se sonrojó.
La sola idea de atraer a alguien así de intensamente le hacía sentir cohibido. Jack no era una persona fea, lo admitía el mesero era alguien muy atractivo, pero cómo podría él siquiera pensar en iniciar algo con alguien cuando ni siquiera estaba seguro de ser homosexual, o bisexual o heterosexual.
Además, también ignoraba si no había alguien ya en su vida, aunque seguro que después de los años que había estado viviendo esa vida vacía, si tenía a alguien, esa persona ya debía haber encontrado un substituto, porque nadie espera eternamente.
Aunque él parecía sí hacerlo, pero era porque estaba suspendido en una época de su vida donde todos le parecían desconocidos... excepto aquellos a quienes ya había llegado a conocer.
Cerró los ojos.
Necesitaba un poco de alcohol.
Así que se dirigió a su recamara, ahí guardaba una botella de whiskey... él no era muy fan de embriagarse, pero veía éste como un muy oportuno momento para hacerlo. No era algo que pensaba repetir, así que para olvidar un poco sus problemas iba a hacerlo.
¿Para qué pensar demasiado?
No le dejaba nada productivo, y aparentemente entre más lo pensara menos iba a conseguir recuperar aquello que tanto extrañaba, pero a ignorar lo que esto era.
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"¿Cómo te fue con Potter?" Preguntó Blaise Zabini, estaba sentado tras un lujoso escritorio de fina caoba, su cabello castaño rojizo brillaba tenuemente, por la luz de la vela que estaba cerca de él.
Draco Malfoy estaba frente a él, sujetando una copa que contenía un aromático vino tinto, tomó un sorbo antes de pasarse una mano por el lacio cabello rubio y responder.
"Incríble." Respondió, la carencia de entonación a sus palabras hacía difícil la comprensión de sus comentarios. Zabini lo observó curiosamente un instante.
Sabía que ese 'increíble' era el prólogo a un relato mucho más detallado acerca de lo ocurrido en su encuentro con Potter. Pero no sabía cuánto tenía que esperar para escucharlo, así que decidió aventurarse.
"Potter va a ser de nuevo nuestro salvador." Dijo Zabini, había un matiz de burla en su voz.
En el fondo, jamás dejaría de ser un Slytherin... y Potter quien venció al Dark Lord.
Y fue cuando Draco recordó toda la situación, la información que no había compartido con Blaise, y comprendió por qué era que también se encontraba tan interesado en conocer la reacción de Harry ante la presencia de su antiguo rival.
Tomó otro sorbo de su vino y depositó la copa sobre el escritorio de Blaise.
Se inclinó un poco hacia el frente y le regaló su mejor sonrisa a su interlocutor, quien rodó los ojos ante la actitud coqueta que estaba adoptando el rubio.
Conocía muy bien su método.
"Ya sabes lo que tienes que hacer para obtener la información, Blaise." La forma en que su nombre fue pronunciado hizo que sintiera un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo.
Volvió a rodar los ojos, decidiéndose a ignorar a Draco.
La información, de un modo u otro, siempre terminaba filtrándose y él se enteraba de todo. De ese modo había informado a Draco acerca del plan que estaban llevando a cabo los demás aurores de ir en busca de Harry Potter.
Pero Zabini no estaba muy convencido de querer dejar su seguridad en manos de un cobarde que a la más mínima muestra de responsabilidad huía.
"Sé lo que estás pensando, y no será así, Blaise... porque lo que no te estoy contando es información casi imposible de filtrarse... a mí me lo dijo Granger, para evitar que yo cometiera algún error en el plan que estaba construyéndose."
Zabini frunció el ceño.
"¿Hace cuánto sabes esto y no me lo estás diciendo?" Preguntó, molesto.
Él se jugaba su posición en el ministerio al informarle ese tipo de cosas al rubio, pero éste no podía verse interesado en compartir su información con él... a menos que éste le diera algo a cambio. Zabini no sabía qué más podría hacer por él.
Le había dado todo lo que siempre le pedía.
"¿Qué es lo que quieres, Draco?" Pregunto, resignándose a la idea de ceder ante las peticiones del rubio.
Siempre lo hacía, por qué modificar ese patrón de comportamiento entre ambos.
"Lo mismo de siempre..."
Zabini negó.
Sí. Aún había una cosa que nunca le había dado.
"Draco." Llamó. "Compréndeme, simplemente no puedo tomar mis cosas e irme como si nada hubiese pasado."
El rubio se puso en pie y se sentó frente a Zabini, pero esta vez sobre el escritorio.
"No es eso lo que te pido. Como si ese Gryffindor tuviese alguna opinión en todo esto. Y tú, estás dejándote convencer demasiado por él."
"Sabes muy bien el motivo por el cual estoy con él. Seamus es una muy útil fuente de información, ¿cómo crees que he conseguido toda la información que te doy?"
El rubio bostezó.
"Ok... no seguiré insistiendo. Puedes comprar mi información apareciendo en mi casa poco después de media noche."
Zabini asintió.
"Ahí estaré... lo sabes."
Draco sonrió de lado, muy seguro de sí mismo.
Tenía a Blaise Zabini comiendo de la palma de su mano y lo sabía, y si bien no conseguía que éste abandonara al Gryffindor con quien estaba, eso no tenía demasiada relevancia, porque él seguía teniendo prioridad sobre cualquiera en la vida de su amigo Slytherin.
"¿Qué es lo que vas a decirme?"
Draco se inclinó un poco y le robó un beso, antes de empezar a hablar, un beso que Zabini respondió, rodeando la cintura del rubio posesivamente, antes de subir sus manos, acariciando su espalda, hasta llegar al sedoso cabello platinado que tanto adoraba ver sobre las fundas oscuras de las almohadas del rubio.
Antes que él lo quisiera, el rubio se apartó de él, demasiado bruscamente, rodeó el escritorio y regresó a su posición inicial en la silla.
"Potter no va a regresar tan fácilmente al mungo mágico."
Zabini enarcó una ceja y se limpió la comisura de los labios con el pulgar.
"¿A qué te refieres?" Interrogó, sus ojos fijos en la expresión de Malfoy, que se tornó molesta.
"Esto es muy sencillo... el motivo por el cual Harry Potter desapareció del mundo mágico no es aquel que todos especulábamos..." Empezó y se acomodó el cabello, ya que Zabini lo había despeinado, también le lanzó una sucia mirada a su compañero. "Aparentemente cuando Potter y el Dark Lord combatieron, se creó una presencia mágica demasiado poderosa... Ni siquiera Granger ha podido explicar bien lo que sucedió, pero cuando Potter despertó en San Mungo, no recordaba nada de lo que había vivido anteriormente, y mencionó algo de un accidente en un medio de transporte muggle."
Zabini se mostraba muy interesado.
"Así que... después de todo, no huyó."
Draco se permitió una risa.
"No es tan cobarde como todos nosotros creíamos." Comentó. "Por supuesto, toda la comunidad mágica no cree que haya huido, sino que piensan que está descansando y recuperando energía... por supuesto que esa excusa está dejando de ser creíble. Ya ha pasado más de un año, así que no creo que muchos se la sigan creyendo."
"Entonces... la verdadera misión no era encontrar a Potter?"
Draco se encogió de hombros.
"Eso no lo sé a ciencia cierta... cuando yo logré que me incluyeran en el plan ya sabían dónde vivía, así que no sé si lo que demoraba el acercamiento a Potter era la ubicación de éste o el hecho que ninguno de ellos sabía cómo acercarse."
Fue el turno del castaño de reírse, burlonamente.
"Típico de los Gryffindor."
Draco sólo asintió. Algo similar había pensado él.
¿Qué tan difícil había sido acercarse a Potter e iniciar una conversación con él? Realmente había sido algo extremadamente fácil.
Lo complicado iba a ser convencerlo, especialmente ahora que el muy estúpido de Weasley le había arruinado la jugada.
"Sí... yo conseguí hablar con él, pero justo cuando estaba hablándole de su vida mágica... en ese preciso momento el ídiota de Weasley hizo acto de aparición. Como si yo fuera a creerme que él casualmente visita lugares muggles."
"Y qué ocurrió después?"
Draco golpeó el escritorio con el puño.
"¿Qué más podría haber pasado? Potter se marchó, creyendo que estábamos jugándole algún tipo de broma, y realmente no lo culpo, se ha acostumbrado a vivir una vida muggle. Trabaja en un bar e interactúa con gente normal, por llamarlos de una forma." Dijo, molesto. "Todo esto está empezando a molestarme, y siguen sin encontrar al culpable de todas aquellas desapariciones."
"Sí. Por eso mismo la gente está tan asustada, Draco... así inició el Reinado de terror del Dark Lord, seguro que aunque no sea algo tan peligroso como eso, estamos enfrentándonos a algo que no es tan sencillo de derrotar."
El rubio asintió.
"Y todos esperan la ayuda de Potter, como si fuera el único capaz de ayudarnos." Dijo el rubio.
"No creo que tú quieras arriesgar tu vida para salvar a los demás."
Draco rió.
"No seas estúpido, Blaise, claro que no estaba pensando en mí... hay muchos Gryffindor aún en el mundo, librarse de un poco de ellos sería bueno para la salud del mundo entero. Más oxígeno disponible para que nosotros respiremos mejor."
"Deja tus bromas, Draco. Sé porque dices eso."
"Como si Finnigan te importara realmente." Dijo, se puso en pie y se sacudió la túnica. "Como sea, tengo que irme, es mi deber ir a buscar al idiota de Potter y convencerlo que lo que estaba diciéndole era la verdad... así tenga que hacer uso de mi magia como un vulgar muggle que intenta pretender ser uno de nosotros... quizás así me crea."
Zabini no dijo nada.
Simplemente se quedó deseando una mejor despedida que aquel adiós que dijo el rubio cuando llegó a la puerta.
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Harry llegó a la hora de siempre al bar, pero su estado era otro.
Estaba ebrio.
Veía todo borroso y sentía que el mundo a su alrededor no permanecía quieto, era como si todas las personas se proyectaran doble ante sus ojos, y tanto movimiento a su alrededor hacia que se sintiera molesto, confuso y con ganas de regresarse a su departamento.
Logró llegar a su puesto e iba a recibir la primera orden cuando sintió que se tambaleaba sobre su propio sitio y estuvo a punto de caer.
Unos brazos no muy fuertes intentaron sujetarlo, pero sin ningún éxito, y no sólo él, sino también su ayudante, fueron a terminar en el suelo.
"Harry? ¿Te encuentras bien?" Preguntó Jack, que estaba bajo él, observándolo fijamente.
Harry sólo movió afirmativamente la cabeza, y después se arrepintió de haber hecho eso, porque eso sólo sirvió para marearlo mucho más de lo que ya estaba.
"Necesito descansar un poco." Dijo, sin quitarse de encima del joven, quien no parecía muy incómodo en aquella posición.
"Vamos. Te llevaré a la habitación que hay detrás." Dijo, consiguió mover a Harry, quien se puso en pie y le tendió la mano al joven, quien aceptó la de Harry con una sonrisa y no la soltó, guiando a Harry a través de la gente a una puerta custodiada por uno de los guardias.
Le sonrió al guardia, señalando a Harry, quien iba murmurando incoherencias... cosas de borracho, pensaron ambos.
"Ya ves como está." Explicó Jack y el guardia los dejó pasar.
En cuanto entraron, Harry vio un sillón y se dirigió hacia allá.
Se dejó caer de golpe sobre el sillón y cuando estaba a punto de quedarse dormido, sintió que alguien se posicionaba sobre él, montándolo a horcajadas.
La presión sobre su cuerpo se sentía muy bien... no recordaba nunca haber estado con alguien así, tan cerca.
Sintió unos labios rozar sus ojos cerrados y una mano acariciar su cabello negro...
...no iba a oponerse, porque todo aquello se sentía extremadamente bien.
TBC
Notas de Lena:
Qué tal hasta ahí? Espero que les guste... no creo demorar mucho con el próximo capítulo. Donde le tocara a Draco encontrar de nuevo a Harry para hablar con él... y sí, Zabini y Draco tienen un affair. _________________
Hermione no se había molestado mucho con él, aunque por su expresión se pudo dar cuenta que la bruja se había contenido para no hechizarlo, y se lo agradecía, porque ella era un auror, y él era simplemente un ayudante de Medimago, no tenía ninguna posibilidad de poder contra la bruja, y mucho menos si ésta se encontraba de malhumor, y así era como se encontraba debido a su error.
La joven no le había dicho palabras hirientes como Malfoy, pero podía asegurar que por su mente habían cruzado pensamientos similares, y es que Harry ahora era como un gatito asustado al que hay que acercarse con mucha lentitud y precaución, para evitar asutarlo.
Y él lo había asustado rápidamente.
El día había pasado de ser tibio y soleado a convertirse en algo gris y ventoso que amenazaba con fuertes lluvias. Quizá alguien imitaba el estado anímico en que se encontraba en ese momento y lo manifestaba en el clima. O quizás él tenía una imaginación muy activa. Cualquiera de las dos opciones en ese momento le parecían extremadamente tontas.
Él era tonto.
Tuvo una oportunidad como nunca la iba a volver a tener, y lo había hecho mal. Había arruinado una de las más importantes misiones que Hermione le había confiado, todo por su absurdo odio a Draco Malfoy (él admitía que su odio no tenía sentido, pero no podía evitarlo... la forma en que el rubio lo menospreciaba, tratándolo como si fuera basura, hacía arder su sangre con odio). Haber arruinado aquel plan ni siquiera había valido la pena, porque no sólo Malfoy había salido perdiendo, sino él también, su mejor amiga... y toda la comunidad mágica.
Localizar a su amigo ya no era un problema, porque ya sabían donde vivía, y Harry seguía ignorando ese detalle, lo cual era un punto a su favor, para el ojiverde su hogar seguía siendo un lugar privado, su santuario personal para ir a esconderse cuando no quisiera encontrarse con el resto del mundo.
"No te preocupes, Ron. Yo sé que no fue tu culpa." Dijo una bonita pelirroja de grandes ojos castaños. "Seguro que no era tu intención asustar a Harry. Malfoy es un idiota."
El consuelo de su hermana era algo, mínimo, pero algo que le hacía sentir mejor. Sabía que muy probablemente su hermana también habría perdido la cabeza (no tanto como él, pero sí) si hubiese visto a Harry con el rubio conversando tan animadamente.
Siempre supo que su falta de control iba a meterlo en problemas, pero jamás pensó que un problema tan grave como éste.
Hermione se había mostrado tan fría con él que sabía que le iba a costar mucho reconciliarse con la joven. Pero iban a reconciliarse, eso era algo tácito.
"Ron," Llamó su hermana. "Malfoy es un idiota." Repitió.
Ron cabeceó afirmartivamente, pero no agregó nada más; conocía muy bien su error, y ponerse a insultar a Malfoy, aunque iba a hacerlo sentir mejor, iba a ser solamente un bienestar pasajero, nada que solucionara su problema.
"Además, ella también está molesta con Malfoy, no veo porqué debe enojarse también contigo."
"Ya te lo conté." Comentó el pelirrojo con voz derrotada. "Hice que Harry huyera de la cafetería donde se encontraba conversando con Malfoy."
La chica bufó.
"Bueno, no es como si Malfoy no hubiese podido conseguir eso después de haberle contado que es un Mago, cualquiera se asustaría después de estar alejado tanto tiempo de la magia, y más aún si no recuerda nada." Dijo ella, llevándose una mano a la barbilla, en un gesto pensativo. "Quizás le atribuye su amnesia a la magia y por eso mismo considera que está mejor sin ella."
Ron lo pensó un momento.
Ése podría ser el motivo por el cual Harry se mostraba tan asustado a la idea de la magia, cuando él siempre había sido una persona de mente abierta y temerario.
Quizás estaba asustado a volver a pasar por lo que fuera que creía que le había llevado a la pérdida de su memoria.
"Podría comentarle eso a Hermione." Dijo, esperanzado. "Habría que encontrar otra forma de hacer contacto con él, convencerlo poco a poco que el mundo mágico no es algo tan malo como lo que él pueda creer que es. Los muggles siempre se muestran fascinados ante la idea de magia..."
"Aunque secretamente le teman, Ron. No lo estamos viendo desde su punto de vista."
"¡No lo vemos desde su punto de vista porque no somos muggles!" Exclamó el pelirrojo. "Quizás Hermione, debido a sus estudios muggles y a que es de ascendencia muggle, pueda ayudarnos."
Ginny asintió.
"Me sorprende que ella no haya tenido esa idea antes que nosotros."
Ron la miró y sonrió. "Ella ha estado muy ocupada con la poción que le vamos a dar a Harry. Necesita tener toda su inteligencia enfocada en la preparación de ésta. Si se equivoca, podría costarle la vida a Harry."
Los hermanos agradecían la dedicación que ponía la chica en su trabajo, porque el peso de ser la persona capaz de devolverles al Harry Potter que todos esperaban, era uno que nadie querría cargar, y sin embargo ella, Hermione Granger, se había ofrecido para hacer la poción realidad.
Porque quería a su amigo de vuelta, porque querían una salvación a lo que estaba ocurriendo.
Ella había aceptado la responsabilidad, y ahora estaba haciendo su trabajo... por eso mismo también se veía limitada en sus misiones como auror, porque los experimentos para la poción requerían su tiempo por completo, y las misiones de auror también.
Pero ella había escogido... y el mundo mágico le aplaudía su decisión.
"Voy a verla de nuevo, no querrá recibirme, pero insistiré hasta que me deje entrar... lo que voy a decirle podría interesarle."
Ginny le dio un rápido abrazo a su hermano, esperaba que pronto Harry regresara, porque las cosas entre los dos habían quedado inconclusas.
Ella le había confesado su amor, y Harry le dijo que después de la batalla podrían hablar...
No sabía si iba a aceptarla o no, pero quería saberlo, porque la incertidumbre de todos esos años estaba volviéndola loca.
Ya lo había esperado más que suficiente.
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Jack lamió su cuello con una maestría que cualquiera hubiese deseado poseer al momento de estar con alguien especial en la cama... o en un sofá, como ellos dos estaban, los dedos largos y delgados del mesero se perdían entre las hebras de cabello negro.
Harry necesitaba tanto compañía que sus labios buscaban los del otro joven, lo besaba, mordía sus labios y disfrutaba aquella lengua que probaba todo el interior de su boca, de las manos que acariciaban desde su cabello hasta su cuello y que descendían por su torso, hasta abrir el pantalón.
Frío.
Fue lo primero que sintió, cuando aquellas manos se posaron sobre su miembro, para empezarlo a estimular.
Sintió una mordida en su cuello y gimió placenteramente.
El roce humano de otro cuerpo amoldándose al suyo, presionándose firmemente contra él, era algo que le hacía sentirse aún más exitado de lo que en realidad estaba, le llevaba al borde de la misma locura, y por eso mismo sujetó fuertemente a Jack del cuello y estrelló sus labios en un beso poderoso, brusco, que golpeó sus dientes... e inició una batalla entre sus lenguas.
El mesero se dejó hacer, siempre siguiendo un mismo ritmo con su mano sobre el miembro de Harry, no olvidando que estaba estimulándolo lo suficiente para prepararlo para él.
Movió sus caderas lentamente sobre Harry.
Rompió el beso que compartía con el moreno y empezó a descender, besando su cuello, lamiéndolo y ocasionalmente mordiéndolo, bajando por su pecho, deteniéndose su la tetilla derecha, para estimularla, luego pasando a su gemela... siguió su camino, bajando por su torso, hasta llegar a aquel miembro que había estado masajeando con su mano.
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Zabini entró a su habitación, no estaba vacía, había una persona sentada en la orilla de la cama, con expresión cansada en el rostro.
Ignoró a su compañero y se dirigió al baño, donde se lavó la cara y se quitó la corbata, lanzándola con el resto de la ropa sucia. Secó su rostro con una toalla seca y se la colocó en el cuello, cuando salió del baño, Seamus seguía en el mismo punto donde lo había visto al entrar.
"¿Estás bien?" Le preguntó, sentándose a su lado y tomando su mano con afecto, a pesar de sus actividades extras con Malfoy, tenía sentimientos afectivos hacia el Gryffindor.
Seamus se inclinó hacia él, apoyando su frente en el hombro de Blaise, quien inmediatamente empezó a acariciar los cabellos castaños con afecto.
Sintió los temblores del cuerpo de Seamus y supo que éste estaba llorando, pero no dijo nada, iba a esperar a que si éste iba a decir algo, fuera por su propia cuenta, no quería hacerlo sentir presionado, especialmente cuando se veía tan vulnerable.
Miró el reloj.
Eran las 23:30 hrs... decidió que por primera vez iba a escoger a Seamus por sobre Draco, seguro que el rubio no iba a extrañarlo mucho.
El Gryffindor alzó el rostro, sus ojos rojos y sus mejillas sucias de lágrimas lo hacían ver tan hermoso, y Zabini no pudo evitarlo, le dio un tierno beso en los labios, suave, gentil... y se dedicó a confortarlo tanto como podía sin saber el motivo de sus lágrimas.
"¿Estás bien?" Volvió a preguntar, cuando el joven dejó de llorar y simplemente se aferró al cuerpo de Blaise.
Parecía desesperado.
"Mi madre..." Fue todo lo que dijo y se dejó acostar en la cama cuidadosamente por su pareja, quien empezó a quitarle la ropa, con el propósito de vestirlo con sus pijamas.
Blaise besó su frente.
"Todo va a estar bien."
"Harry no ha regresado, Blaise... y ellos se llevaron a mi madre."
Los ojos del Slytherin mostraron su sorpresa cuando finalmente entendió el porqué de la desesperación de su pareja.
La más reciente desaparición había sido, según lo que Seamus decía, la madre del joven.
Lo abrazó con fuerza, y besó su mejilla.
"Te amo, Seamus... Todo va a estar bien."
El Gryffindor aceptó aquellas palabras, no sabiendo si creerlas o no, porque él no era estúpido, sabía de los asuntos de su pareja con Malfoy, pero en ese momento, un poco de confort era justamente lo que necesitaba, y parecía que, por primera vez en mucho tiempo, Blaise lo comprendía tan bien como al principio de su relación.
Iba a aceptarlo.
Él sí amaba a Blaise.
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Draco estaba en su habitación, en la Mansión Malfoy... miró el reloj de reojo... tenía tiempo de ir a buscar al idiota de Potter y estar de regreso para su encuentro con Blaise.
Aunque no se sorprendería demasiado si el Slytherin no se aparecía por ahí, porque había escuchado las noticias de lo que le había pasado a la madre de Finnigan, y no dudaba que Blaise estaba jugando, en ese momento, el papel de amante comprensivo que conforta a su pareja cuando éste más lo necesita.
Su amigo pasaba demasiado tiempo con Gryffindors.
Con uno en particular.
No se preocuparía mucho por el tiempo, en caso que Zabini sí llegara, bueno, que lo esperase un poco, no iba a morir por eso.
Salió de su habitación y bajó las escaleras, se dirigió a la puerta y antes, de abrirla, se detuvo un momento, pensando si debía o no hacer lo que iba a hacer. No había pasado mucho tiempo y Potter quizás no se había recuperado del shock que había vivido en la mañana... pero si esperaba demasiado, también podía ser perjudicial.
Estaba decidido, iba a ir por él.
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Cuando llegó al bar no le sorprendió no ver a Harry atendiendo a los clientes, había una mujer joven atendiéndolos en el lugar del ojiverde.
Se dirigió a ella, con paso firme y una expresión atractiva en su rostro, iba a intentar ganarse los favores de la joven, para que ésta le dijera el paradero del joven... sabía que en su departamento no estaba, porque había estado ahí antes de ir a buscarlo al bar.
"Hola." Saludó con voz cordial y una sonrisa que hizo a la joven responder la sonrisa e inclinar la cabeza a modo de saludo. "Un whiskey en las rocas."
Ella asintió y sirvió el trago.
Draco lo recibió y tomó un sorbó antes de regresar su atención a la joven, quien estaba ocupada mirando al rubio frente a ella.
"Disculpa... ¿podrías decirme dónde encontrar a Harry?" Preguntó, se inclinó hacia la joven y acarició los dedos de ésta, quien había apoyado su mano en la barra.
La vio sonrojarse y pensar un momento, acerca si decirle o no sobre el paradero del joven, quien, ya todos sabían, había llegado ebrio al bar y que ahora estaba siendo cuidado por Jack, quien se debía encargar de ayudarlo con su ebriedad.
Asintió, pero no dijo nada.
Señaló con un dedo una puerta que estaba custodiada por un enorme orangután que quizás no querría dejar pasar al rubio.
Sujetó la mano de la joven y depositó un beso sobre su torso... no era tan desagradecido como todos en el mundo creían.
Pagó el trago y se dirigió al punto donde la joven le había indicado que Potter estaba.
A la distancia, lanzó un imperius al guarda y consiguió que éste le abriera la puerta en el momento en que él llegó a estar frente a él.
Cuando entró, se llevó una gran sorpresa.
El niño que vivió estaba siendo lamido y mordido en el torso.
Cerró la puerta tras él, pero ésta produjo un ruido que hizo que el sujeto que estaba sobre Harry reaccionara y se apartara de Harry.
Miró a Draco y se puso en pie, se acomodó la ropa y salió de aquel lugar.
Harry se cubrió el rostro con la mano, fue un acto reflejo, porque aún no había visto quien lo había interrumpido.
"Vaya, Potter... eso fue realmente interesante, y que final tan abrupto. Yo estaba divirtiéndome muchísimo."
Harry reconoció la voz.
Era el mismo rubio que le había dicho montones de mentiras.
Alzó el rostro y lo miró.
"Eres tú."
Draco se apoyó en la puerta cerrada.
"Deberías mostrar un poco más de emoción, de lo contrario, me siento ofendido."
Harry deseó con todas sus fuerzas estar de regreso en su departamento, quería estar lejos del rubio ése que seguramente iba a continuar con la sarta de mentiras.
Cuando abrió los ojos para decirle que se largara, estaba en su amplio sillón... sin saber cómo había llegado ahí, o si todo lo demás lo había soñado.
TBC
Notas de Lena:
Ok, listo... al final seguí el consejo de mi amiga Lady Hellsing y Harry ya no hizo nada con Jack, pero probablemente en un futuro no muy lejano, Harry y Jack sí concluyan su momento, jajaja.
Espero no atrasarme tanto como con este capítulo, pero es que un virus me había estado volviendo loca... sorry la demora. _________________
Jajajajajajaja eso estuvo buenisimo!!! me encanto Draco y sus atakes de superioridad
Ya ya ya debo entender ke un dia Jack conseguira lo ke kiere con Harry pero no te olvides de Draco porfavor!! necesito algo de accion entre Draco y Harry!!!
Jejejejeje un triangulo amoroso muy bueno eso!! :smt016
Esperare ansiosa el siguiente capitulo!! Gracias keridisima Lena!! te hechare porras siempre jajajaja _________________
Sufría un profundo dolor de cabeza, y no podía culpar a nadie más que a sí mismo, porque la cantidad que ingirió de licor la noche anterior había sido demasiada; además, él no estaba acostumbrado a hacer ese tipo de cosas, seguía pensando que nunca en su vida se había embriagado. Aunque eso quizás podría no ser cierto, ¿cómo poder afirmar o negar algo tan vehementemente cuando en realidad desconocía detalles mínimos sobre su propia persona?
Tenía un recuerdo fugaz de haber ido a su trabajo en un estado inaceptable y haber tenido un casi encuentro sexual con Jack.
Se pasó una mano por el despeinado cabello. ¿Cómo demonios había llegado a su departamento?
Recordaba haber sido interrumpido por el rubio mago y que de repente cuando abrió los ojos se encontraba en su departamento. Quizás se había desmayado en su embriaguez y alguno de los guardias del bar lo había llevado a su departamento.
Pero eso no explicaba el por qué la puerta de su departamento estaba cerrada con llave y la llave estaba en el bolsillo de su pantalón.
Probablemente todo había sido producto de su imaginación.
En ese entonces, debería empezar a preocuparse de su salud mental, porque tener alucinaciones de rubios que se te aparecen diciéndote que son magos, y que tú también eres uno, entraba dentro de la categoría de locos. Y él no dudaba estar perdiendo la razón.
¿Dónde demonios estaba el hombre del cuadro?
Cerró los ojos fuertemente y se puso en pie lentamente.
"Creí que jamás despertarías." Dijo una vez que le hizo tropezar con la pequeña mesa de centro y estar a punto de caer de bruces al suelo.
Sí, ahí, frente a él, estaba la alucinación rubia que, en cualquier momento, iba a empezar a decirle alguna idiotez que él se rehusaría a creer.
Poseía, aún, un poco de cordura, la suficiente para negarse a ser arrastrado a un mundo de fantasías creado por su subconsciente.
Sí, iba a oponer resistencia.
"Tú no eres real, estoy imaginándote." Dijo Harry y siguió avanzando, con claras intenciones de ir a su habitación y continuar durmiendo, pero esta vez en su cómoda cama. Tal vez, después de un buen y merecido descanso, largo, muy largo, pudiera empezar a pensar coherentemente de nuevo.
Escuchó una risa burlona tras él, pero no se volvió.
Ignora la voz en tu cabeza. Se dijo a sí mismo.
Ignora que todo aquí parece distinto. Ignora todo.
"Jamás me imaginé llegar al día en que Potter diría que soy un producto de su imaginación." Dijo. "Ya quisieras tener una imaginación tan buena para haberme creado."
Harry se detuvo a mitad de un paso.
Sabía, sin saber el por qué, que aunque se resistiera, el rubio simplemente iba a seguir apareciéndose en todos lados... parecía que ésa era su especialidad. Ser una molestia, por supuesto.
"No eres tan gran cosa, hasta un niño con problemas mentales podría haber pensado en ti." Dijo, molesto.
Quería cortar por lo sano aquellas alucinaciones, quería simplemente vivir su vida sin que lo acosara el joven rubio que insistía que era un mago.
La magia no parecía estar de su lado.
Harry observó su pared.
¿Por qué el hombre del cuadro estaba visitando al monje del cuadro que estaba junto a su habitación?
Jamás iba a volver a tomar licor.
"Bueno, entonces pruebas mi punto. Tú fuiste un niño con problemas mentales." Dijo el rubio. "Aunque te equivocaste en algo, Potter. Yo sí soy mucha cosa... especialmente para ti."
Harry se giró.
Sus ojos verdes ardiendo en frustración, ira y un poco de confusión.
Y es que era puramente normal estarse sintiendo como en un vórtice de confusión, no comprendía nada de lo que estaba pasando y estar en su departamento cuando su último pensamiento coherente había sido en el bar tampoco estaba ayudándolo mucho.
"No lo pienses tanto. Entre más intentes encontrar un poco de lógica, más vas a frustrarte."
Harry entrecerró los ojos y gruñó.
"No importa, no importa. Sigo pensando que tú no eres real." Mumuró, dejándose caer bruscamente al suelo, apoyó su espalda en la pared y suspiró. "No creo que la magia exista."
Draco rió.
No era una risa burlona esta vez, ni comprensiva, ni cómica... era simplemente una risa.
Quizás la forma de reaccionar que el joven tenía, porque no tenía palabras de aliento, y si las tuviera, de todas formas no las diría.
"La magia no es como en los cuentos de hadas, Potter. No soluciona todos los problemas y no da felicidad." Dijo, su voz hiriente, queriendo causar daño en Harry... quien en sus tiempos de Hogwarts siempre había encontrado felicidad en el hecho de ser mago. "Y en tu caso, al final, la magia simplemente te arrebató todo lo que tenías, lo más preciado para ti."
Fue el turno de Harry de reír.
Una risa patética, que demostraba lo derrotado que estaba.
Como Draco nunca lo pudo dejar.
Como Draco jamás lo iba a dejar, porque esa victoria no era suya, era del destino, quien había doblegado a Harry y lo había dejado así... abandonado, solo y patético.
"No me importa. Simplemente no quiero saber más."
"¿Por qué? ¿Acaso crees que tus amigos vendrán y te rogarán que vuelvas?" Interrogó y vio una luz ardiendo en los ojos verde esmeralda. "Ellos mueren por estar en mi lugar... pero están más ocupados encontrándole una solución al pobre iluso de Potter.
"¿Solución?" Preguntó Harry, interesado por la inflexión que el rubio le había dado a sus palabras.
El rubio se acercó a él, y con un poco más de finura, se dejó resbalar por la pared, hasta quedar sentado junto a Harry, quien le miró de reojo.
Había una corta distancia entre ambos, de modo que no invadían sus espacios personales.
"Todos en el mundo mágico creen que estás mal por lo que ocurrió." Explicó. "Y no me preguntes qué sucedió, porque no sé qué pasó... sólo sé que un día comunicaron que abandonabas el mundo mágico para encontrar paz y tranquilidad... una historia muy bien planeada."
Harry bufó.
"Excepto que ahora me están buscando." Dijo, dándose cuenta de algo... lo llamaban porque necesitaban de él, y eso no le gustaba. "¿Qué es lo que quieren de mí?"
Draco enarcó una ceja.
"Que te sacrifiques por ellos como lo hiciste la vez anterior... un gesto muy desinteresado de tu parte, por cierto. Disculpa que no te lo haya agradecido, pero es sólo que sigo encontrándolo excesivamente estúpido. ¿Quién renuncia a su propia vida por el bienestar de miles de personas más?"
Harry pensó exactamente lo mismo.
¿Qué clase de estúpido era él?
La descripción que el rubio hacía de él, sonaba como aquella del tipo de persona que busca encajar, y que por ello mismo actúa patéticamente, queriendo complacer a las personas a su alrededor.
Quizás no era así y el rubio simplemente lo hacía quedar mal... o quizás así era justamente como él era.
"Sigo sin creer que exista la magia."
"¿Por qué? ¿Sólo porque no recuerdas quien eres?" Cuestionó. "La magia no nos brinda protección infinita, Potter... y tampoco es omnipotente, contraria a las creencias muggles, nosotros también somos propensos a morir y no vivimos millones de años... no son más que supersticiones estúpidas."
"No es eso... es simplemente que no me considero capaz de hacer magia."
Draco le miró, extrañado.
"Haz hecho magia, Potter, créelo. Eras un mago decente, derrotaste al Mago Oscuro... así que no comprendo tu miedo."
Harry rodó los ojos.
"No eres tan magnífico como tú crees." Dijo Harry. "Todo eso que me dices, son cosas de las que no tengo el más mínimo recuerdo."
"No lo he olvidado, idiota... te lo digo para que sepas lo que hiciste. No esperes de mí un relato maravilloso de todas tus proezas mágicas. Mucho esfuerzo hago con estar aquí."
Harry le miró de nuevo, de reojo.
"Pareces demasiado a gusto, a mi parecer."
El Slytherin se pasó una mano por el cabello y negó.
"Es la imagen que siempre doy... no puedo parecer incómodo porque no le da una apariencia agradable a mi rostro... y siempre tengo que dar la mejor impresión."
"No estás dando una muy buena impresión ahora... sentado sobre el mugroso suelo de mi departamento, haciéndole compañía a un... ¿cómo fue que me llamaste? ¿muggle?" Un asentimiento del rubio. "eso... haciéndole compañía a un amnésico que se cree muggle e intentándolo convencer que es mago. Además, estás despeinado."
La mirada de horror del rubio le hizo reír.
Hacía mucho que no reía.
Draco se había puesto en pie más rápido de lo normal, y se había dirigido a un espejo, para comprobar que en efecto su cabello no estaba ordenado como él lo había dejado, sino que al parecer el aire lo había revoloteado hasta dejarlo mal acomodado.
"No es gracioso, Potter. Tengo una imagen que cuidar."
"Aquí nadie más te está viendo... ¿cuál dijiste que era tu nombre?"
Draco le lanzó una mirada asesina.
"Eso tampoco es agradable, Potter. Mi nombre es uno que nadie debería olvidar."
Harry rodó los ojos de nuevo.
"Intentaré no hacerlo de nuevo, si me lo dices."
Draco se volvió a sentar, esta vez frente a él.
Seguía creyendo que en su rivalidad con Potter había una oportunidad de demostrarse alguien poderoso y digno de ser el rival del joven. Porque todos parecían pensar que lo suyo era cosa de estudiantes y que Draco jamás iba a alcanzar el poder del joven que estaba frente a él.
Y él sabía que el Gryffindor era fuerte, pero también sabía que su debilidad era ayudar a la gente, y que eso podía perderlo.
Ya le había sucedido una vez, era cuestión de tiempo que le volviera a ocurrir.
Y estaba, frente a él, la oportunidad perfecta... el mundo mágico parecía estar siendo atacado de nuevo.
"Mi nombre es Draco Malfoy." Respondió.
"Un placer." Ironizó el moreno, y Draco le sonrió.
Sí... estaban forjando una extraña relación... muy distinta a su anterior tipo de relación... y eso, a Draco le complacía bastante.
"Oye y... ¿por qué el hombre de mi cuadro desapareció?"
Draco miró al cuadro que el Gryffindor señalaba y sonrió de nuevo.
"Un pequeño truco mágico al que tendrás que acostumbrarte." Explicó. "Nuestras fotografías y cuadros, a diferencia de los muggles, tienen movimiento... y por lo general hablan, me sorprende que el tuyo haya estado callado tanto tiempo."
"No quería asustarlo." Comentó casualmente el hombre del cuadro.
Harry dio un pequeño salto sobre su sitio, sentado incómodamente en el suelo.
Draco y el hombre del cuadro compartieron una sonrisa burlona.
-------
Dean Thomas entró a la habitación de Seamus, quien permanecía dormido, acurrucado en una esquina de la cama.
Su rostro estaba húmedo por las lágrimas que había derramado y sus manos estaban aferradas a un abrigo que pertenecía al compañero de Seamus.
Blaise no podía faltar un día a su trabajo porque era indigno de él.
Pero podía abandonar a su pareja, quien se encontraba en un estado de depresión total debido a lo que estaba viviendo.
Su madre había sido tomada rehén o asesinada por aquellos magos y brujas que estaban atacando la paz de la comunidad mágica.
Se sentó junto a Seamus y acarició su cabello.
El irlandés abrió los ojos y enfocó a su amigo. Le regaló una semi sonrisa triste, para que éste no se preocupara, pero el gesto sólo sirvió para incomodar a Dean.
"¿Cómo sigues?" Preguntó.
Sus dedos perdiéndose entre los mechones de cabello claro de su mejor amigo, quien se dejó acariciar.
Desearía que fueran las manos de Blaise las que se perdieran en su cabello y que fuera él quien estuviera preocupado por él.
"Un poco mejor. Sólo espero que todo se resuelva pronto." Comentó, sentándose y apoyando su cabeza en el hombro de Dean, quien pasó el brazo sobre el hombro de Seamus y lo apretó contra él.
"Todo va a salir bien. Hermione me habló para decirme que Malfoy le dijo que consiguió un avance."
Ante la mención de Draco, el cuerpo de Seamus se tensó.
Dean supo inmediatamente el por qué.
Era el mejor amigo de Seamus, y éste le confiaba todo.
"Lo siento... lo había olvidado." Se disculpó.
Seamus negó.
"No es tu culpa." Dijo. "Cuando menos, Blaise pasó toda la noche conmigo."
Dean le regaló una sonrisa de confort.
Besó la mejilla de Seamus.
"Ya sabes que estoy aquí para cualquier cosa... no dudes en llamarme si me necesitas."
Seamus asintió.
"Ahora vamos... tienes que alistarte. Harry va a ir a casa de Hermione... tenemos que irle a pedir ayuda. Seguro que tú podrás hacer algo al respecto."
Seamus asintió.
Se limpió los ojos.
Tendría que convencer a Harry.
-------
Draco Malfoy estaba sentado frente a Hermione, quien no dejaba de escribir furiosamente sobre un largo pergamino.
"Potter irá a visitarte al atardecer. Me pidió tu dirección y se la di, así que espéralo." Comentó. "También me pidió que les dijera que no espera una bienvenida... sólo quiere que ustedes le expliquen las cosas. Está en tus manos convencerlo de quedarse, Granger."
Se puso en pie.
Ella lo miró y lo llamó.
"Malfoy." Cuando él se volvió, ella le sonrió. "Gracias por regresarme a Harry."
Él rió, burlonamente.
"No lo hice por ti, Granger... tengo mis propios motivos. No lo olvides."
Una despedida con la mano y el rubio continuó su camino.
-TBC-
Notas de lena:
Ok... corto y no me gustó, pero ya pensé en una forma de no involucrar a Harry con Jack, jojo... sí, lo voy a involucrar fugazmente con Seamus. Que Zabini sufra un poco de lo mismo que está pasando mi precioso Seamus. _________________
Había decidido creerle a Draco Malfoy, como había dicho que se llamaba, por motivos y razones que él mismo desconocía, pero que estaba seguro que un día, cuando hubiese recuperado su memoria, iba a encontrar tan claras como el agua de un manantial. O al menos eso esperaba.
Sabía que no debía ser tan confiado, pero la idea de ser capaz de confiar aunque no estuviera completamente seguro, era algo que lo hacía sentirse mejor.
No sabía en qué se estaba metiendo, porque la idea de la magia, aunque no le molestaba tanto como creía, era algo que le incomodaba.
¿De qué había estado hablando el rubio?
Había dicho que la comunidad mágica esperaba algo de él.
Y, en verdad, ¿había sido lo suficientemente estúpido como para haber arriesgado su propia vida por el bienestar de todas las personas de la comunidad mágica? ¿Qué tipo de persona hace eso sin recibir nada a cambio? O quizás iban a darle algo pero por su situación las cosas no habían surgido como lo planeado.
Ni siquiera sabía qué creer, pero de una cosa estaba absolutamente seguro.
Él había sido demasiado estúpido.
Suspiró y se pasó una mano por el despeinado cabello negro.
El retrato de su departamento le había dicho un par de cosas, que Hermione estaba esperándolo en su departamento, y le había dado una dirección... suponía que debía agradecer que la joven viviera en la zona muggle de Londrés, porque no quería pensar siquiera en adentrarse a la parte mágica de la ciudad.
La sola idea le daba escalofríos.
Todas esas personas que le debían, literalmente, la vida, y que no se preocupaban ni un poco por él, y hasta donde él sabía, ignoraban su situación, simplemente iban a servir para estresarlo, y había sufrido lo suficiente de estrés como para empeorar la situación.
Gruñó.
Quería ir a ver a Hermione, porque si mal no recordaba era la misma joven de apariencia agradable, que había acompañado a Malfoy cuando lo habían ido a ver por primera vez al bar en que él trabajaba. Ella parecía algo más agradable que el rubio, y seguro que iba a darle más respuestas, menos crípticas que aquellas que había obtenido de Malfoy.
En serio quería ir a ver a la joven, pero no quería parecer demasiado ansioso.
Además, no sabía ni siquiera cómo actuar ante un mago... con el rubio había sido más sencillo, porque había estado demasiado ocupado en convencerse a sí mismo que era cierto todo lo que el joven le decía como para detenerse a pensar en cómo actuar con él.
Quizás debería hacer lo mismo todo el tiempo, y probablemente así, poco a poco iría adaptándose a la idea.
Aunque no quisiera.
Era su nueva vida, porque sabía muy bien que ninguno de sus nuevos visitantes planeaba desaparecer de su vida así de repente.
Y una parte de él no quería que lo hicieran, la idea de tener conocidos a los que él desconocía no sonaba tan desagradable.
Sí.
Era una buena forma de continuar, y si no conseguía recuperar sus recuerdos, cuando menos habría ganado algunas amistades y ya no tendría que estar solo todo el tiempo, contando únicamente con la compañía de su jefa, que era demasiado excéntrica para su propio gusto.
Harry abrió una botella de agua.
Quería dejar de sentirse ebrio, porque aún lo estaba.
La conversación que acababa de tener, con el rubio, simplemente había conseguido confundirlo un poco más, lo cual en su estado de semiebriedad no era algo completamente bueno... cuando menos sabía que no estaba tan ebrio como para olvidar todo lo que había aprendido al día siguiente.
Seguía sentado en el mismo punto donde el rubio lo había dejado, después de una sonrisa de superioridad.
El rubio dijo que tenía problemas propios que solucionar y que no tenía tiempo de lidiar con los problemas de alguien más, mucho menos los de Harry Potter... pero estaba seguro que habría alguien dispuesto a desperdiciar unos minutos o incluso horas de su día, por ayudarlo.
Harry había estado un poco confundido.
¿Qué tipo de negocios o problemas se resuelven y tratan a las 3 de la mañana?
Pero no dijo nada, desconociendo la dinámica del mundo mágico no tenía mucho qué opinar al respecto, así que eso iba a hacer... guardarse sus opiniones era una buena opción.
Sin saber a qué hora, Harry se quedó dormido en el suelo, en una incómoda posición, sentado y con la espalda apoyada en la pared.
No importaba, tanta tensión y confusión lo tenían demasiado cansado que cualquier lugar serviría para que el joven fuera atraído por el sueño.
OOOOO
"Las cosas parecen estar bastante mejor." Dijo Draco, estaba sentado en la orilla de su cama, sus manos acariciando la elegante sábana que la cubría, mientras sus ojos vagaban por los intrínsecos diseños que adornaban la tela. "Potter parece aceptar la idea de que es un ser con magia, ya no parece rehusarse a creerlo, lo cual es algo bueno."
Después de haber abandonado a Harry, había regresado a su mansión, sabiendo que su amigo y acompañante nocturno, no estaría ahí. Draco no era estúpido y sabía que Blaise estaba formando un vínculo aún más fuerte con Seamus.
Él simplemente no iba a permitirlo.
Había tenido sus ojos fijos en el Slytherin desde el momento en que ambos pisaron terreno en Hogwarts, y parecía que Zabini, en aquel entonces, había estado de acuerdo con la idea, aunque ahora no parecía tan interesado en el rubio.
Pero Draco iba a cambiar eso.
Era capaz de conseguir cualquier cosa, la atención de Zabini no era algo tan especial como para ser inalcanzable para él.
"¿Cómo sabes que Potter no estaba mintiéndote para que lo dejaras en paz?"
"Soy bueno en Legeremancia, fui el mejor alumno de Snape alguna vez, no tienes por qué dudar de las cosas cuando te las digo." Dijo el rubio, con un tono molesto.
Una cosa era que estuviera interesado en Zabini y le permitiera muchas cosas... acostarse con él, mientras seguía teniendo una relación con un Gryffindor era una, pero que cuestionara sus habilidades como mago, era una cosa muy distinta, y algo que el rubio no iba a permitir.
"Sé que no eres estúpido, Draco, pero... ¿así de fácil?"
El rubio alzó la mirada y encontró sus ojos azules platinados con los de su acompañante, le regaló su mejor sonrisa y le indicó que se sentara a su lado.
Blaise obedeció tranquilamente, era incapaz de decirle que no a Draco.
Y a pesar que sabía que debía hacerlo, porque había alguien en casa esperando por él, se sabía incapaz de negarle cualquier cosa a Draco Malfoy.
Si es que aún recordaba que se había sentido tan orgulloso por haber llegado a formar parte del grupo del rubio... y ahora, simplemente no podía cortar las cadenas que lo ataban al Malfoy, porque sabía que era alguien influyente.
Alguien influyente que estaba interesado en él.
"No fue tan fácil... creo que él mismo se dio cuenta que había algo extraño en sí mismo... se trasladó a su casa con magia. No es tan estúpido como para no darse cuenta de eso... ni tan cerrado de mente como para intentar encontrarle otra explicación."
Blaise sabía que estaba mal, pero actuaba por puro instinto, por pura costumbre.
Estiró su mano y la posó en el cuello del rubio, quien se inclinó un poco hacia él, disfrutando del contacto íntimo... hacía mucho no tenía un verdadero momento privado con Blaise... sus últimos encuentros sexuales habían sido tan impersonales y simples que el rubio empezaba a aburrirse de la existencia de Seamus en la vida de Blaise... pero había prometido no actuar en contra del Gryffindor, y contraria a la creencia popular, él no era un traidor... al menos no iba a traicionar a Blaise.
Lo necesitaba demasiado como para aislarlo de esa forma.
Sí, estaba mal, pensaba Blaise, pero se sentía tan bien.
La piel de Draco era incluso más suave que la de Seamus, y se sentía tan bien bajo sus dedos, que se deslizaban suavemente por todo aquel delgado y blanco cuello... su cuerpo se acercó un poco más al del heredero Malfoy, quien se permitió acariciar suavemente.
Sí, cuando Blaise se tomaba su tiempo y dejaba que la sensualidad se apoderara del momento, ésos eran los momentos que el rubio más disfrutaba... y se lo hizo saber al otro Slytherin con un suave y agradable gemido suave que desesperó a Zabini, pero no hizo nada más que seguir acariciando, sabía que si iba despacio, iba a disfrutarlo aún más.
"Potter no es tan estúpido." Dijo Zabini, aceptando la explicación del rubio de unos momentos antes.
El rubio se mordió el labio, conteniendo otro suave gemido, pero miró a Zabini fijamente, y éste comprendió... así que se inclinó un poco y dejó que sus labios acariciaran la mejilla suave y sonrojada del rubio, antes de posarla sobre los labios rosáceos del joven, quien aceptó gustoso el beso, quizás un poco demasiado desesperado ante la acción.
"No me hables de Potter ahora."
Blaise gruñó, Draco le había mordido el labio.
Nada violento, porque el rubio sabía que no debía dejar ninguna marca en el cuerpo del Slytherin... muchas veces había estado a punto de succionar sobre la piel de su hombro, o morderlo en la cadera, pero se había contenido y se había conformado con besarlo o disfrutar de ser marcado él.
Draco no tenía que darle explicaciones a un amante celoso y estúpido que lo esperaba en casa.
La ropa de Draco empezaba a molestarle a Zabini, y por eso mismo se deshizo de su túnica y la ropa que traía bajo ésta con sorprendente rapidez, pero el rubio no tuvo mucho tiempo para entretenerse en este hecho, porque sintió los dientes de su amante mordiendo su cuello, tiernamente, suavemente, sin dejar ninguna marca, pero incitando al rubio a estar aún más excitado, si es que eso era posible.
Sus labios se unieron de nuevo, y cuando Draco iba a quitarle la ropa a Blaise, alguien tocó la puerta de su habitación.
Draco maldijo en silencio.
Pero para mantener a Zabini deseándolo, se extrajo a sí mismo del apretado abrazo del otro Slytherin y le dio una sonrisa apenada... un gesto que había aprendido, siempre lo sacaba de problemas y le servía para obtener lo que él quería.
"Lo siento." Se disculpó y se acomodó su ropa lo más rápido que pudo.
Ocultó su mueca de enfado, porque no sabía aún quien estaba al otro lado de la puerta.
Cuando abrió la puerta, no le sorprendió demasiado ver a uno de los estúpidos del ministerio observándolo fijamente.
"Tenemos una misión importante para ti." Fue todo lo que dijo el sujeto, entregándole un sobre a Draco, quien lo aceptó.
Su encuentro con Blaise iba a tener que posponerse, porque sabía que sus misiones del ministerio eran algo que no podía rechazar.
Menos ahora que estaba en deuda por haberse involucrado a la fuerza en la misión de encontrar a Harry.
Se arrepentía, porque no encontraba nada de entretenido en ser niñera de Harry Potter.
Aunque sabía que podía conseguir algo bueno de todo esto.
OOOOO
Cuando Blaise llegó a la casa que compartía con Seamus, aún olía a Draco, y lo sabía, pero no tenía intenciones de quitarse el aroma del rubio del cuerpo... se sentía culpable, pero no quería remediarlo en ese momento, quizás su frustración por haber sido interrumpido era lo que coordinaba sus acciones y no estaba pensando racionalmente.
Lo sabía, pero quitarse el aroma del rubio del cuerpo, aunque era algo que siempre que llegaba a casa hacía, esta vez, el perverso placer de que Seamus lo notara era lo que lo motivaba a simplemente dejar sus cosas y dejarse caer en el sofá.
Definitivamente no era culpa de Seamus aquella casi enfermiza relación que tenía con el rubio, de la cual no podía librarse, y sabía que Seamus sospechaba, que no estaba completamente seguro porque él y Draco siempre habían sido muy cuidadosos, pero los Gryffindor no eran tan inocentes como el resto del mundo los creía, y su única característica tampoco era el valor.
Eran seres humanos complicados, como todos.
Blaise seguía sin comprender por qué le hacía daño de esa manera.
Odiaba la mirada adolorida del rubio cuando éste rechazaba sus abrazos y caricias cuando llegaba después de un encuentro con Draco.
Quería limpiarse la sensación de haber estado con el rubio del cuerpo, y después, después de haber tomado un baño, siempre dedicaba su tiempo íntegro a su pareja.
Porque había aprendido a necesitar del Gryffindor, había aprendido a ser dependiente de él, de aquella mirada almendra que hacía que se sintiera un poco mejor cuando ésta se iluminaba al mirarlo, que lo hacía sentir alguien especial cada vez que Seamus le decía cuanto lo amaba.
Sabía que no merecía tanto cuando él no daba nada.
Le daba una emoción falsa a Zabini, porque a pesar que empezaba a darse cuenta que sentía algo por él, no sabía aún qué tan profundos eran sus sentimientos, y no quería engañarse, aún, a sí mismo, diciéndose que amaba al irlandés.
Seamus se merecía a alguien mejor.
Quizás el propio Seamus lo sabía, pero amaba demasiado a Zabini y por eso mismo seguía con él. Lo ataba el amor... así como a él lo ataba un viejo sentimiento a Draco.
Un sentimiento que aunque ya no tenía validez, que había caducado, seguía presente, al menos en la mente del rubio.
Y no quería arriesgarse a ver qué era capaz de hacerle Draco a Seamus en caso que Blaise diese por terminado todos sus encuentros.
"No te escuché llegar." Escuchó una voz suave que salía de la cocina.
Seamus estaba ahí, de pie en el umbral de la puerta que conectaba a la cocina con la pequeña sala.
Su cabello estaba un poco despeinado y él estaba vestido con su ropa de dormir.
Pero a pesar de todo, se veía, a sus ojos, incluso mejor que el rubio, con toda su ropa elegante y lujosa. Había luz en la presencia de Seamus, una luz que hacía mucho tiempo había dejado de apreciar en el rubio... una luz que seguía buscando en él.
No era fácil cortar con una conexión que había durado tanto tiempo.
"Pensé que estabas durmiendo." Se defendió el joven.
Seamus le sonrió.
"Gracias por haberme hecho compañía anoche. Te lo agradezco." Dijo, sin moverse de su sitio.
No quería que Blaise lo rechazara, porque podía oler el perfume del rubio, aquel aroma a vainilla que siempre había rodeado a Draco, el mismo aroma que ahora estaba impregnándose en su casa, como un cruel recordatorio de aquello que él más deseaba ignorar.
Pero no dijo nada.
Era incapaz de cuestionar a Blaise.
Tú mereces más... pero es Blaise. Era lo único que podía pensar.
Había perdido su independencia emocional en el momento en que aceptó estar con el Slytherin, aunque hubiese sido un error... era un error que volvería a cometer, porque sabía que el Slytherin no era completamente indiferente al Gryffindor... sabía que había algo ahí.
De lo contrario, Blaise ya lo habría dejado.
"¿Vas a tomar un baño? ¿Quieres que te prepare algo?"
Zabini movió la cabeza.
"Sí, voy a ducharme." Respondió. "Un té estaría bien, gracias."
Seamus cerró los ojos, sonriendo y asintió.
"Un té."
"Seamus..." Llamó el Slytherin, y vio a su pareja detenerse y volverse hacia él, con una mueca de confusión adornando su bonito rostro fino. "te extrañé el día de hoy."
OOOOO
Hermione le miró fijamente y le sonrió cálidamente, sin parecer demasiado amigable. La chica era una experta en todo, y Harry no se sentía incómodo ante su presencia.
Los ojos grandes y castaños de la chica no parecían juzgarlo ni esperar nada a cambio. Pero si Harry pudiera leer la mente, se daría cuenta que la joven apenas podía contener su emoción, y que guardaba la esperanza de que su mejor amigo los recordara pronto.
"Malfoy no te forzó a venir, ¿o sí?"
Harry negó, un poco sorprendido.
"Creí que él te había explicado todo." Dijo el ojiverde, confuso.
"Sí, habló conmigo." Explicó ella, comprendiendo la confusión de su amigo. "Pero conozco a Malfoy lo suficiente como para saber que a veces forza a la gente a hacer lo que a él más le conviene."
Harry asintió.
No le sorprendía esa descripción del rubio, tenía la impresión que era un niño mimado... o que lo había sido, porque ya no eran niños.
"Yo quiero ayudarte... pero antes que nada... quiero saber cómo pasó todo esto. Quiero saber por qué no recuerdo nada."
Hermione asintió.
Conocía a Harry, siempre supo que esa iba a ser la primera pregunta del rubio, por eso mismo había investigado tanto, para poder darle una leve idea de lo que había sucedido... o al menos las conjeturas que ella había logrado descifrar, porque nada era cierto.
"Bien, Harry... siéntate, ésta es una historia larga, va a tomarme un largo rato contarla."
-TBC-
Notas de Lena:
Lady Hellsing!!!! Discúlpame!!! No había tenido mucha inspiración, pero ya tengo un poco... y así que empiezo de nuevo con tu fic. En el próximo capítulo explico un poco más... y me di cuenta que con la historia amorosa me estoy complicando mucho, así que a lo mejor el fic sí esté un poco largo. Espero que lo sigas disfrutando.
Estaba oscuro, eso era algo que él podía soportar, no le temía a la oscuridad... había enfrentado cosas peores y había sobrevivido, lo que le molestaba más era que estaba ahí, solo, en vez de estar en su habitación, recuperándose de un intenso orgasmo después de haber pasado la noche enredado entre sus muy caras sábanas, con Blaise.
Por supuesto que estaba molesto, si bien había fingido que nada había sido interrumpido, no era realmente lo que sentía.
No iba a decirle a un envíado del Ministerio que no podía cumplir con su misión porque estaba en medio de un momento sexual con su amante, mucho menos cuando todos sabían de la gloriosa relación entre Blaise y Seamus. No se suponía que nadie más debía enterarse que el rubio y Zabini tenían una relación más allá de su amistad y compañerismo por haber sido de la misma Casa en su tiempo en Hogwarts.
Claro que todos sospechaban que había algo más.
Y por supuesto que tenían motivos.
Draco no era tan discreto y claro que había habido ocasiones en que no se había resistido a permitirle a Zabini tomarlo en su oficina.
La sola idea de que alguien los encontrara hacía todo aún más excitante.
Gruñó.
Debería dejar de estar pensando en esos momentos con Blaise, porque no le dejaban nada bueno, especialmente ahora que estaba en una misión.
No quería comprometer su trabajo por culpa de una obvia erección.
Eso iba a entorpecer su desempeño.
Estaba ahí por culpa de su propia estupidez.
En serio, formar parte del equipo de Harry Potter no era tan satisfactorio como creyó que sería.
El ojiverde no estaba furioso como él había planeado, porque ni siquiera lo recordaba, lo cual, debía admitirlo, había dañado su autoestima. Su ego se había desinflado un poco, porque la idea que el estúpido Gryffindor no supiera quién era él, no era algo que le agradara.
Pero bueno, tenía como consuelo que Harry no recordaba a nadie, y que no era sólo a él a quien había olvidado.
También había borrado de su mente a sus molestos amigos.
Aquello le daba cierta satisfacción, saber que el lazo de amistad de esos tres no era tan fuerte como para sobrevivir a todo.
Respiró y borró todo pensamiento de su mente.
Estaba ahí porque alguien le había dicho que había cierto peligro en esa zona, tenía que descubrir si había alguien peligroso ahí.
No era un problema, él estaba preparado, contaba con magia poderosa de su lado, porque estaba bien entrenado para enfrentarse a casi cualquier cosa.
Sabía que él era la mejor opción.
Aunque dudaba seriamente que hubiese realmente alguien peligroso ahí.
Llegó a una casa abandonada donde la luz de la luna se filtraba, sin pensarlo dos veces, y porque sabía que tenía que explorar, se dirigió a aquel lugar, preparándose para atacar en caso que fuera necesario, su varita firme entre sus largos dedos.
La brisa de la noche, que se colaba por las ventanas sin cristales, despeinó un poco sus cabellos, pero él se concentró en lo que lo rodeaba, ignorando los cambios climáticos que pudiesen presentarse, aunque sabía que éstos también podrían estar controlados por magia.
Iba a preocuparse después por eso.
Quería, primero, mostrarle a quien fuera que estuviera ahí, que no estaba asustado.
"No pensé que fueras a tomarte tan en serio esto de trabajar para el ministerio."
Draco se volvió, con una mueca de enfado en el rostro.
Frente a él, estaba uno de sus mentores.
Severus Snape lo observaba fijamente, sus ojos oscuros y fríos, como siempre. La relación que ellos tenían no significaba que iba a permitirle todas las idioteces que estaba haciendo. Sabía que el rubio estaba involucrado con Zabini, y que éste también estaba con un Gryffindor.
Qué poco respeto tenía el rubio de sí mismo si permitía eso.
El profesor Snape nunca había estado de acuerdo en la relación de Blaise con Draco cuando se enteró que no iba a ser pública, aunque todo el mundo subiera que algo estaba ocurriendo... se había opuesto porque Draco merecía algo más que eso.
Él siempre había sido un defensor del rubio, por la estrecha relación que alguna vez lo había unido a los Malfoy, por el afecto, por darle un nombre, que sentía hacia aquella familia, que habían sido de los pocos que lo habían aceptado.
Iba a retribuirle el favor a Lucius, cuidando de su hijo.
Además, el sabía algo que Draco parecía querer ignorar... algo que todo el mundo parecía querer ignorar.
Blaise Zabini no era completamente indiferente hacia Seamus... a lo largo de los dos años que habían estado juntos, había ido desarrollando sentimientos que ni siquiera sentía hacia Malfoy.
Snape lo sabía.
Snape siempre sabía todo.
Era excelente en legeremancia, así que hacía buen uso de ella, especialmente cuando estaba frente a la persona a quien Draco Malfoy, sin saberlo, había entregado más que sólo su cuerpo.
"¿Es a usted a quien vengo a neutralizar?" Interrogó el rubio, sabiendo muy bien que a pesar de ser un muy buen mago, aún no estaba al nivel de Severus Snape, pero si él era su blanco, iba a dar lo mejor de sí para derrotarlo, por mucho que le costara.
Severus rió burlonamente.
Solamente alguien como Draco era capaz de pensar que tenía una oportunidad ante él... o la única persona capaz de actuar como si pudieran, aunque supiera que sus oportunidades eran mínimas.
"No, como decía antes, jamás creí que te tomaras tan en serio la idea de trabajar para el Ministerio." Repitió el adulto con voz firme. "Hace poco, antes del retorno de Potter, no te habría imaginado siquiera dejando entrar a alguno de los empleados del Ministerio a la mansión."
Draco se encogió de hombros.
Ni él mismo sabía, pero había tenido el impulso de formar parte de la misión que involucraba a Harry Potter. Tanto tiempo intentando superarlo era lo que lo había motivado a convertirse en uno de los aurores del Ministerio... bueno, ya lo era, pero por lo general nunca estaba disponible para las misiones, hasta que escuchó a Granger diciendo que iban a buscar a Harry.
Sus ganas de superarlo habían regresado y supo que tenía que involucrarse.
Claro que la seguridad del mundo mágico, en esta época, era lo último que le interesaba.
Jamás se había preocupado por los demás, no iba a empezar a hacerlo ahora que ya no era un niño.
"Ahora el ministerio tiene algo que me interesa levemente."
Snape volvió a reír, casi irónicamente.
"Potter nunca te interesó sólo levemente... estabas obsesionado con él, querías humillarlo como él mismo hacía, sin mucho esfuerzo."
El rubio volvió a encogerse de hombros.
"Y, ¿acaso por eso me llamó?" Quiso saber el rubio, mirando a su antiguo profesor. "¿No hubiera sido mejor que fuera a la mansión a preguntármelo?"
Snape negó.
"Blaise estaba de visita, no quería toparme con él."
Draco rodó los ojos.
"Mis asuntos con Blaise no tienen por qué molestarlo." Dijo el rubio. Muchas veces, Snape se había negado a tratar en asuntos con el otro Slytherin por la relación que llevaba con Malfoy, y aunque Draco se había ofrecido muchas veces a solucionar ese problema, no lo había podido conseguir.
El profesor seguía negándose a aceptarlo en su despacho.
"Te dije muy bien cuál era la solución a ese problema... y no estoy aquí para hablar de eso." Dijo, lo más severo que pudo, al ver que Draco iba a replicar. "Hay otro motivo por el cual no fui a la mansión."
Draco vio a su profesor morfar algunos objetos en un par de sillas, para que ambos pudieran sentarse, así que eso hizo, se sentó frente a Snape, quien asintió.
"Sé que tú conoces de la existencia de las pociones que hay en la cámara secreta de la Mansión Malfoy... y también sé que no has hecho uso de ninguna de ellas."
El rubio pareció, súbitamente, bastante interesado en el tema.
Olvidó todo comentario acerca de Zabini y dejó de defenderlo, ya tendría tiempo para eso después, ahora era hora de enterarse qué era lo que Snape realmente quería... y, ya sabía muy bien por qué era que aquella conversación no podían tenerla en la mansión.
Ahora la mansión estaba vigilada, y aunque se suponía que él debía ignorarlo... Blaise se lo había dicho inmediatamente, así que sabía que cualquier negocio turbio, que quisiera realizar, tendría que hacerlo lejos de su propio hogar.
"Mi padre dejó una carta acerca de la existencia de dichas pociones, pero aún no he ido a verlas, no sé si aún estén ahí... la carta la escribió mi padre mucho antes de morir, así que no sé si las cambió, alguna vez, de lugar después de la revisión en la Mansión."
"No, ni siquiera los mejores aurores son capaces de contrarrestar magia tan antiguar sin mucho esfuerzo, y realmente nunca hicieron un esfuerzo grande por descubrir a tu padre, tenía muy buenas conexiones dentro del ministerio."
"Lo sé, muchas de esas conexiones siguen presentes, ofreciéndose a ayudarme."
Snape negó.
"Muchos de ellos ya no son tan leales como alguna vez lo fueron, así que te sugiero que los ignores..."
"No estoy haciendo nada malo, ninguna actividad que no debería estar haciendo... así que no veo por qué debería usted de estar dándome sermones. Estoy portándome bien, créame, aprendí que tengo que hacerlo si quiero seguir formando parte de esto.... Realmente quiero ver qué es lo que va a hacer Potter ahora que accedió a regresar."
"La noticia no me sorprendió tanto... Potter siempre quiso atención."
Draco lo pensó un momento antes de hablar.
"No parecía tan interesado en eso... es más, parecía confundido por haberse sacrificado por tanta gente." Recordó el rubio. "Creo que se dio cuenta que es realmente estúpido... o que lo era, ya no parece tan estúpido como antes."
"No iba a seguir siendo el mismo por siempre, menos cuando un día despertó sin saber quién era... tuvo un complicado inicio, pero me sorprendió que hubiera sobrevivido tanto tiempo sin saber quién era él mismo. No muchos lo habrían logrado."
Draco rió.
"Eso sonó bastante como un cumplido hacia Potter, Profesor."
Snape hace una mueca de disgusto.
"No presiones tu suerte, Draco, que me agrades no quiere decir que no te lanzaré una maldición si vuelves a decir eso." Dijo. "Ahora, lo que en realidad quiero hablar contigo... una de las pociones que hay en tu mansión... sí, una de ésas, podría serle muy útil a Granger."
Draco sonríe misteriosamente.
Él lo sabía.
Aunque no hubiera entrado a la cámara secreta de la mansión, sabía qué es lo que había en ella.
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Hermione le había dicho que se sentara, que era una historia larga la que iba a contarle, y sin embargo, Harry llevaba cinco minutos sentado, sin haber recibido nada de aquella larga historia que su amiga debería estarle contando.
Pero no quería presionar, quizás no era una historia agradable, o quizás ni siquiera ella misma la sabía completa y no quería contarle una historia tan incompleta a Harry.
No sabía.
Pero de algo estaba seguro, no le importaban las verdades a media, siempre y cuando tuviera alguna verdad, porque seguir preguntándose quién era y por qué demonios no recordaba nada no estaba haciéndole ningún bienestar.
Quizás lo estaban protegiendo, y por eso lo habían aislado del mundo mágico, pero en su vida como muggle no había encontrado ningún tipo de satisfacción... o quizás no querían que tuviera ninguno. Probablemente querían que viviera como un ser humano común y corriente, que sufre, llora y tiene que sobrevivir por su propia cuenta a la vida actual de Londrés.
Ella se mordió el labio.
Sabía que tenía que decirle algo a Harry, no era justo que su amigo siguiera cuestionándose su propia identidad, menos cuando había personas a su alrededor que conocían quién era él... y menos ahora que iba a regresar al mundo mágico, donde la mayoría de la comunidad mágica creía que lo conocía.
Era algo que no quería que Harry viviera, pero que tendría que enfrentar... era quien él era.
El ojiverde tendría que acostumbrarse.
Su vida siempre había sido así... caótica.
"Lo siento." Se disculpó ella. Se dio cuenta que Harry empezaba a impacientarse. "En serio es una historia larga, y la verdad, no quería decírtela yo." Confesó.
Vio que él asentía, como si comprendiera, aunque en realidad ignoraba todo lo que ella estaba diciendo.
¿Cómo podía comprenderla cuando ni siquiera la recordaba?
Sabía que no era muy justo con las personas que lo habían conocido, la idea de no recordarlos no le parecía tan cruel como la idea de no recordarse a él mismo.
Eso era lo que en realidad le molestaba.
Y quería la oportunidad de sentirse un poco egoísta.
Porque la descripción que Draco Malfoy le había dado de su persona era una que no quería asociar a él... al menos ya no más. El papel de mártir no era uno que él quisiera seguir interpretando, quería tomar las riendas de su vida.
Al demonio el resto del mundo mágico.
"Mira... no sé ni siquiera como empezar, porque, a decir verdad, el inicio de tu historia es bastante complicado." Inició ella, le había ofrecido a Harry una taza de té, y ella misma se había servido una, así que se entretuvo unos segundos sorbiendo de su bebida. "Tus padres eran aurores... los aurores son magos que pelean contra la maldad en el mundo mágico, por decirlo de una forma... y estaban muy en contra de las artes oscuras, eran muy conocidos por luchar arduamente contra Lord Voldemort."
Harry asintió.
Estaba absorbiendo toda aquella información.
Hasta ahora no veía nada de complicado en su inicio.
Pero seguro que ahora escuchaba algo que cambiaba todo.
Estaba abierto a cualquier posibilidad, el hecho de enterarse que era capaz de hacer magia le decía que prácticamente todo era posible.
"Hablar de Voldemort sería hacer esto aún más complicado."
Harry volvió a asentir.
Y luego se preguntó si se vería como un idiota, ya que ésa parecía ser su única reacción.
"Entiendo." Se atrevió a decir, pero vio la expresión de sorpresa en el rostro de Hermione y negó. "Bueno, no entiendo... pero... uumm, al menos me gustaría que me dieras un resumen de lo más básico. Hasta donde sé, soy algún tipo de celebridad, ¿no?"
Hermione le sonrió.
"Algo así. Eres famoso porque, cuando tenías un año de edad, Voldemort atacó a tus padres, con intención de matarte, debido a una profecía que escuchó... donde se suponía que tú ibas a derrotar a Voldemort. No quiso arriesgarse y decidió matarte cuando aún eras indefenso." Decidió no meterse demasiado en los detalles, ni decirle que bien había podido ser la historia de Neville Longbottom. "Obviamente, no pudo matarte y por eso fue que todos en el mundo mágico siempre te han tratado con tanto respeto."
Harry sintió algo amargo en todo su ser.
Un sentimiento de ira, o algo que no sabía cómo calificar.
La gente lo idolatraba por haber visto morir a sus padres y haber sobrevivido, ¿qué tan enfermo era eso? O quizás en la comunidad mágica era de lo más natural.
Ella pareció comprender.
"Sé lo que estás pensando... y a decir verdad, yo también siempre lo vi como algo bastante desconsiderado, pero supongo que ellos no querían verlo desde otra perspectiva, porque veían en ti una especie de mesías, alguien capaz de liberarlos de las garras de Voldemort... y te seré honesta, Harry... quizás yo también habría estado feliz si no supiera quién es el verdadero Harry Potter."
El quiso gritarle que no, que al menos ahora, ella ya no conocía al verdadero Harry Potter.
Pero se contuvo de decir cualquier cosa.
Ella estaba haciendo un esfuerzo, y él debía considerarlo.
Pero la idea de que alguien dijera saber todo de él ya empezaba a molestarle.
¿Acaso sólo lo veían como un instrumento?
"¿Qué más puedes decirme? Dices que me conocías bien... ¿tengo algún familiar vivo, alguna pareja a quien haya abandonado?"
Ella sonrió, pero él pudo notar lo triste de su sonrisa.
"No tienes familia viva con quien tú quieras convivir, aunque seguro que los Dursley ahora te aceptarían, con eso que tampoco crees en la magia." ¿Era eso una nota de resentimiento lo que él detectaba en la voz de la despeinada mujer?
"Dije que iba a darles una oportunidad." Recordó. "Eso no quiere decir que vaya a aceptarlo como si no me hubiera caído esto de la noche a la mañana."
Ella asintió.
"La primera vez parecías ansioso por abandonar el mundo muggle, y ahora, aunque no estés a gusto en él, te aferras a vivir ahí."
Harry no comprendió.
Tampoco quiso decírselo, porque ella parecía pensar que él estaba captando todo en aquel intercambio, y no quería decepcionarla.
Al menos no aún.
"¿Qué quieres que haga?" Dijo él. "No sé quién eres, no tengo ni el más mínimo recuerdo de ti, y sin embargo tú..." Se detuvo y respiró. "No quiero discutir contigo."
Ella pareció estar de acuerdo.
"Como estaba diciéndote, no tienes familia con quien quieras convivir, y hasta donde yo sé tampoco tenías novia... había un asunto inconcluso con Ginny, pero todo pasó tan de repente, aunque quizás ella aún esté dispuesta a reiniciar contigo."
Harry negó.
No quería reiniciar nada con nadie hasta que no recordara algo.
Iba a ser suficientemente incómodo convivir con todos aquellos extraños como para iniciar una relación con una de ellos... además, él creía que no estaba muy de acuerdo en involucrarse con una mujer, mucho menos cuando sabía que le atraían más los hombres que las mujeres... aunque eso no descartaba por completo al género femenino.
Quizás esa tal Ginny realmente valía la pena.
"Y... ¿cómo fue que perdí la memoria?"
Ella sorbió un poco más de té.
"Te enfrentaste a Voldemort... hubo un enfrentamiento entre ambos, algo que aún no logro comprender... los dos estaban demasiado débiles, y sin embargo, ambos hicieron magia muy poderosa como últimos hechizos, y hubo una explosión. No preguntes demasiado, ni siquiera los más sabios han logrado descifrar qué fue lo que pasó... yo no soy experta en la materia, pero creo que hubo una fisura en su magia... toda la magia que había ahí pareció desaparecer un momento y después reapareció."
Harry parpadeó, confundido.
Ella sonrió.
"Es la única explicación lógica... toda tu magia te dejó y luego regresó... pero no por completo, tus recuerdos se fueron con parte de tu magia."
Él comprendió un poco.
"No creo servirles de mucho, entonces."
Ella se estiró y sujetó su mano.
"No todos te queremos de regreso para que nos salves de nuevo, Harry... hubo algunos de nosotros que realmente te extrañamos."
Y él finalmente sintió como ciertas aquellas palabras, y pudo apreciar un poco a su amiga.
Sólo un poco.
Pero, cuando menos, eso ya era un inicio.
-----------
Cuando Zabini despertó, le sorprendió no estar atrapado entre las sábanas con un cálido y cariñoso Seamus dispuesto a cualquier cosa que él quisiera. Estaba solo.
Había una nota junto a la cama, escrita por el Gryffindor.
Blaise,
Hermione llamó, surgió algo importante, necesitan mi ayuda.
Nos vemos en la noche.
Te amo.
Seamus.
Suponía qué era lo importante que había surgido, pero le asombraba el hecho que Seamus no le hubiese comentado lo que tuvo que escuchar de labios de Malfoy.
Era extraño, porque el Gryffindor siempre compartía todo con él.
Pero sabía, también, que el joven ahora necesitaba a sus amigos, para sobrevivir mientras su madre seguía sin aparecer. El irlandés parecía estar un poco más calmado, aunque seguía deprimido.
Claro que conociendo a los Gryffindor, seguro que él también estaba feliz por el regreso de Potter.
Aunque se esforzaba, jamás iba a comprender cómo era que confiaban tan ciegamente en el mago, porque incluso antes del enrome sacrificio que éste había hecho por el mundo mágico, ya muchos lo trataban como si fuera realeza. Entendía que era por haber sobrevivido a Voldemort cuando apenas era un bebé, pero seguro que eso tenía otra explicación que no era la que todo el mundo asumía. Harry no era un súper héroe todo poderoso e indestructible.
Ahora ni siquiera recordaba quién era él mismo.
Pero seguro que a pesar de no ser recordado, Seamus quería estar presente para su amigo, para que pudiera volver a adaptarse a él, como había sucedido cuando habían compartido clases en Hogwarts.
Porque aunque era algo que nunca le gustaba recordar... Blaise había estado interesado en Harry alguna vez.
El irlandés se lo había dicho al principio de su relación.
Seamus, alguna vez, había amado a Harry Potter.
Y eso era un pensamiento que a él no le gustaba recordar... porque ahora, que Harry estaba amnésico e interesado en los hombres, por la pequeña historia que escuchó del rubio, quizás él también iba a interesarse en Seamus.
Blaise no quería ni pensarlo.
Porque, a pesar de lo que él mismo estaba haciendo, la sola idea del rubio con alguien más le dolía.
TBC
Notas de Lena:
Me encanta cuando la musa está de visita, porque por lo general, puedo hacer más de un capítulo ^-^ Espero que la sucia musa no me deje muy pronto, que si no sufrimos todos los que estamos con este fic... yo que lo escribo y ustedes que lo leen. Ah, y disculpen pero fue hasta hace poco que noté el enorme error que cometí, porque Seamus y Blaise no debían haberse topado, se suponía que Seamus ya se había ido, a recibir a Harry... discúlpenme, que así me funciona mejor XD _________________
Hermione sólo había llamado a Ron y a Seamus, a través de Dean, para que él le ayudara a convencer a Harry que realmente necesitaban su ayuda, que lo que estaba pasando en el mundo mágico no eran rumores, que realmente estaban secuestrando gente, y que en esta ocasión, la madre de Seamus había resultado víctima de esto.
La bruja sabía que no era la forma adecuada de conseguir la ayuda de su amigo, pero también sabía que si Harry seguía siendo el mismo de antes, iba a hacer todo lo posible por ayudarlos.
Quizás era eso lo que más había fascinado de Harry a muchas personas, a algunas de una forma positiva, a otras de un modo más negativo. Porque, ella misma debía admitirlo, la idea que alguien esté dispuesto a darlo todo por aquellos a quienes ama, sonaba un poco extremista.
Pero quién era ella para juzgar la actitud que había tenido Harry antes.
Después de la conversación que había tenido con el ojiverde, de la explicación bastante superficial que le había dado, ambos se habían quedado en incómodo silencio.
Y es que, ¿de qué podían hablar ellos dos?
¿Seguro que ella consideraría fascinante que él le hablara de lo que había aprendido estando en el mundo muggle, sin magia?
Hacía unos cocteles exquisitos, según su jefa, pero eso no le servía de nada ahora que estaba de regreso en lo que Hermione llamaba su mundo.
A decir verdad, él no estaba tan entusiasmado como les hacía creer, pero no quería ser tan honesto, quizás la chica iba a sentirse ofendida o probablemente herida, porque acababa de recuperar a su amigo, y éste iba a decirle lo mucho que ellos no le hacían falta.
Pero qué podía hacer al respecto.
Forzarse a aceptarlos era algo que ya estaba haciendo y la verdad no estaba muy conforme con los pobres resultados que estaba obteniendo.
Sentía un poco de agradecimiento hacia ella, porque había sido parcialmente honesta con él... la misma joven le había dicho que había cosas que no podía decirle, no porque no quisiera, sino porque ella misma ignoraba qué era lo que había sucedido en verdad, pero el agradecimiento no podía compararse con la alegría que podía distinguir en los ojos de ella al verlo sentado en su sofá, tomando su té.
Tampoco sabía cómo actuar, ni cómo reaccionar, y en ocasiones, sentía que ella esperaba que él hiciera el primer movimiento.
No le gustaba ese sentimiento.
Aquella presión en su pecho que no cesaba, que parecía incitarlo a hacer algo, pero su propio sentido común se lo impedía.
¿Qué podía decir?
¿Por qué era que ella seguía sonriendo de aquella forma?
Seguro que si le preguntaba, ella iba a creer que había hecho algo mal, y tampoco podía hacer eso.
Rodó los ojos.
Odiaba esa necesidad que había surgido en su ser de querer complacer a esta chica. ¿Qué era ese sentimiento que surgía en su pecho, como si tuviera la necesidad de quedar bien con ella, porque se suponía que era su amiga?
Finalmente, ella rompió el silencio.
"Harry, espero que no te moleste, pero Ron vendrá... te extraña, y cree que ahora sí podrá conversar contigo." Dijo ella, sonaba bastante emocionada. "También vendrá otro amigo de Hogwarts... su nombre es Seamus Finnigan."
Harry sólo asintió.
"Mira, sé que todo esto es extraño para ti, pero quizás convivir con gente de tu pasado haga que recuerdes algo, será bueno para ti. Podrás acostumbrarte de nuevo a la idea que eres un mago, e irás aprendiendo un poco más de ti mismo."
Lo último era una opción que le interesaba bastante.
Saber de su persona siempre había sido su meta, bueno, desde que un día despertó y lo único que recordaba de sí mismo era su nombre.
Era comprensible querer saber más de él mismo, aunque sabía que nadie más lo comprendía, porque dudaba mucho que en el mundo mágico fuera común despertarse un día sin recordar quién eres, con un único recuerdo en la mente, y que éste sea tu nombre.
Pero, si lo pensaba un momento, debió haber sido complicado también para quienes lo excluyeron del mundo mágico, por su propio bienestar; ocultarlo no debió haber sido muy fácil, menos cuando Hermione le había dicho que él era algún tipo de celebridad y todos en el mundo mágico conocían su nombre.
"¿Estás de acuerdo en que vengan?"
Harry asintió.
No estaba seguro, pero seguir postergando un encuentro con sus amigos no estaba bien; sabía que ellos querían volverlo a ver y él estaba interesado en conocerlos.
"No estoy preparado para esto, pero... mejor ahora."
Ella sonrió.
"Saben que no deben ser demasiado efusivos, aunque... a decir verdad, nunca lo hemos sido. Bueno, yo lo era, un poco."
Hermione estaba sonrojada.
Harry lo encontró bastante divertido.
"Me comportaré." Prometió Harry.
Ella sonrió.
Sabía que él jamás haría algo para ser sentir incómodos a las personas a su alrededor, estaba en su naturaleza no ser un bastardo.
Confiaba ciegamente en él.
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Le molestaba que lo ignoraran, y eso todos lo que lo conocían debían saberlo. Por eso mismo, no lograba comprender por qué era que Zabini estaba presente simplemente de cuerpo, su mente estaba en algún otro lugar, y el rubio no era tan estúpido como para no suponer que estaba pensando en su noviecito ridículo y virginal.
Frunció el ceño y pateó el suelo.
Blaise enarcó una ceja y pareció reaccionar un poco, percatándose frente a quién estaba y suponiendo lo que éste debería querer de él.
No iba a dárselo, aunque en ese momento sonaba tan bien, para apartar su mente de los pensamientos corrosivos que, desde la mañana, cuando despertó solo, no habían abandonado su mente. Ceder ante Draco no era el problema, eso lo hacía casi todo el tiempo, pero en ese momento estaban en el departamento que compartía con el Gryffindor, y él, cuando menos, tenía la decencia de respetar aquel lugar.
Aceptó la presencia del rubio en su hogar porque le había dicho que tenía algo importante que comunicarle, pero fue ingenuo de su parte creer que era lo único que el rubio iba a pedirle. Draco era, obviamente, un ser muy sexual.
Decidió apresurar las cosas.
"¿Qué es lo que ibas a decirme?" Interrogó, indicándole al rubio que tomara asiento.
El aludido bufó, indignado por el trato que estaba recibiendo, cuando se suponía que debía haber un poco más de entusiasmo proviniente de su amante, pero no dijo nada al respecto. Al menos no aún, debía darle la oportunidad de redimirse.
Se aclaró la garganta y aspiró aire antes de comenzar.
Claro que a Blaise iba a interesarle lo que estaba ocurriendo, siempre había estado interesado en cosas que involucraban a Potter, y el rubio no sabía el motivo, y aunque por un momento creyó que tendría que ver con la pareja de su amante, no quiso considerarlo demasiado, ya que eso significaría que Blaise se preocupaba por Finnigan más de lo que le decía.
Estaba seguro que era así, pero no quería aceptarlo.
"Directo al negocio, estás cambiando demasiado, Blaise." Dijo el rubio.
No dijo más por un corto período de tiempo, tampoco se sentó junto al moreno, simplemente se dejó caer en el pequeño asiento que estaba frente al de su acompañante. Era cómodo y suave, así que se permitió un instante para acomodarse bien y disfrutar la comodidad antes de volver a hablar.
Incomodar un poco a Blaise también era divertido.
Tenerlo al borde era su especialidad.
"¡Maldita sea, Draco! Seamus no debe verte aquí."
El rubio se encogió de hombros.
"No es como si estuviéramos cogiendo ahora, Blaise, no seas tan frígido, ¡por Merlín!" Exclamó, furioso. "Además, ¿no está tu amado con sus amigos? Seguro que está entreteniéndose con Potter."
Blaise sabía que Draco ignoraba la cuestión de los sentimientos que el irlandés había sentido por Harry, pero le molestó que dijera eso.
"¿Qué insinuas?"
El rubio enarcó una ceja.
"Olvídalo, no insinúo nada, pero no quiero hablar de Finnigan." Dijo, molesto. "Vine a hablarte de Potter, y de mi misión, la misma que me encargaron el día que estabas conmigo."
Blaise lo recordaba.
La noche que se quedó deseando al ojiazul.
Draco jamás le negaba entrada a su cuerpo, pero esa vez lo había hecho, porque quedar bien ante el ministerio era ahora su prioridad, todo porque quería ganarse sus favores para ser uno de los primeros en enterarse de todo lo que estaba sucediendo con Potter, porque si bien Hermione estaba informándole de algunas cosas, también era ella quien le había ocultado, al principio de todo esto, el muy insignificante detalle de que él estaba amnésico.
El moreno empezaba a odiar a Potter.
El héroe de la comunidad mágica simplemente estaba interfiriendo en todas sus relaciones.
Sabía que estaba siendo un poco paranoico, porque Draco simplemente tenía interés en el ojiverde para derrotarlo finalmente, toda su vida había vivido opacado por la luz del niño que vivió y ahora tenía la oportunidad de regresarle todo y humillarlo, simplemente siendo mejor que él, en todo; y Seamus, Seamus lo amaba sólo a él. Aquellos sentimientos que una vez albergó hacia su compañero, ahora estaban enterrados en el pasado y él no permitiría que emergieran.
El irlandés ya era una constante en su vida, si se marchaba se iba a modificar toda su rutina y no estaba listo a decirle adiós.
Ni siquiera por contar con los favores de Draco, sexuales y no sexuales, estaba dispuesto a dar por concluida su relación con el Gryffindor, porque era lo que le brindaba un poco de normalidad a sus días, un poco de aquel sentimiento hogareño que nunca pudo experimentar en su vida, por el tipo de vida que su madre le había enseñado.
Su novio, dulce Seamus, siempre había sido bastante bueno en la dinámica de una pareja, y le había dado todo lo que él necesitaba.
Y hasta más.
Aunque él sabía que no era cien por ciento honesto con él, y que su relación con Draco iba más allá de lo puramente físico, se aferraba a él.
"¿Vas a hablar?"
El Slytherin pareció enfadado.
"Tú llevas unos buenos quince minutos ignorándome y ahora me preguntas si voy a hablar." Escupió enfadado sus palabras. "Snape siempre ha tenido razón, me tratas como si yo siempre fuera a estar aquí, eres un idiota Blaise."
"Sé que eso no es verdad."
"Bien." Concedió el auror, su boca firme en una expresión demasiado seria, sus ojos observaban fijamente a su acompañante. "Hablé con Snape."
Blaise tomó aire.
Todas las conversaciones que el blondo tenía con su antiguo profesor de pociones siempre eran interesantes, porque el hombre era alguien muy sabio en cuestiones de magia antigua y siempre tenía teorías interesantes sobre el por qué de las cosas.
Hasta el momento, sin embargo, Blaise seguía sin poder establecer contacto con él.
Conocía el motivo por el cual su antiguo profesor lo ignoraba y no aceptaba ninguna de sus llamadas o rechazaba sus peticiones para tener una reunión, pero no era culpa suya que Draco siguiera presente, que el hijo de Lucius siguiera intentando colarse más allá de lo dentro que ya estaba.
Era una verdadera lástima que no pudiera realmente amarlo, y también lo era, en este caso para Seamus, que no pudiera dejarlo.
Encontraba algo en él que el irlandés jamás iba a poder darle.
"¿De qué hablaron?" Estaba interesado, quería saber qué era aquello que había descubierto el rubio que lo había mandado directamente a él, para contarle lo que sabía.
"Snape sabe sobre la Cámara secreta que hay en mi mansión, y sabe también acerca de sus contenidos." Empezó, su voz suave y firme, casi como un susurro, pero no tan baja, sólo lo suficiente como para denotar la confidencialidad de la conversación, a pesar que estaban solos en la casa de Blaise. "Creo que mi padre, antes de morir, también le habló de los contenidos de dicha Cámara, porque hoy que me habló, pareció bastante interesado en las pociones que ahí se guardan."
"Magia muy antigua, seguramente." Dijo el moreno.
Un asentimiento fugaz por parte del otro joven.
"Mi abuelo consiguió la mayor parte de esas pociones, porque muchas de ellas ya eran demasiado ilegales para la época de mi padre, así que tuvo que esconderlas y protegerlas." Platicó. "La cámara secreta de la mansión es uno de los lugares más seguros que hay aquí, sino es que el más seguro. Mis padres decidieron guardar ahí aquellas pociones porque supusieron que, en el futuro, yo o algún descendiente mío podríamos requerirlas."
"Que inteligente de su parte, esas pociones ahora son incluso aún más ilegales, si es que eso es posible."
"Lo sé." Se movió un poco en su asiento y enfocó sus ojos en su amante, quien devolvió su mirada y le sonrió. El simple gesto hizo sentir un poco mejor al de cabellos platinados. "Siempre supe que una de las pociones que yo tengo sería capaz de solucionar el problema de Granger para devolverle la memoria a Potter."
Blaise pareció un poco confundido.
"¿Ayudarías a Potter?"
"No hay honor en derrotar y humillar a alguien que no tiene ni la más mínima idea de quién es." Explicó el ojiazul, como si estuviera sorprendido que el moreno no entendiera su punto, o que estuviera siquiera cuestionando sus motivos. "Claro que quiero ayudar a Granger, pero antes, quiero que me explique completamente toda esta situación."
"¿Qué situación?" Quiso saber también el otro Slytherin.
"Quiero saber realmente cuáles son los peligros a los que nos estamos enfrentando, no me pueden decir que son cosas sin cuidado cuando hay gente que está desapareciendo y tuvieron que buscar al maldito de Harry Potter para que viniera a solucionar el problema, como si no hubiera alguien en el mundo, aparte de él, para salvarnos."
"Suenas molesto." Opinó el de ojos oscuros, su tono de voz bastante entretenido.
El otro sujeto se puso en pie y caminó hacia Blaise, se inclinó hacia el frente, quedando cara a cara con su amante, quien estiró el brazo y sujetó la cintura del rubio, empujándolo hacia él.
"Es porque estoy molesto." Trazó una húmeda caricia con su lengua sobre los labios entreabiertos de Zabini, quien, olvidándose de donde estaban, se apoderó del cuerpo del rubio en un fortísimo abrazo que lanzó al rubio sobre él.
"No quiero que ayudes a Potter."
Draco enarcó una ceja y dejó que sus manos vagaran por el cuerpo torneado de Blaise, quien no contuvo su gemido ante las caricias de aquellas suaves manos y elegantes que trazaban sus músculos.
"Qué conveniente, amor." Dijo, la ironía que matizaba su tono de voz no pasó desapercibida para Blaise, quien gruñó y plantó un beso firme en aquellos labios rosáceos, torturándolos, marcándolos y disfrutándolos como hacía mucho que no lo hacía. Draco rompió el beso y acarició la mejilla de Blaise. "Yo no quiero que sigas permaneciendo con tu Gryffindor. No le veo el problema, entonces, a que yo ayude a mi propio Gryffindor."
Y, a pesar de estar bastante urgido, Draco se rozó una última vez contra el cuerpo de Blaise y se apartó de él, poniéndose en pie y acomodándose el cabello, peinándolo con sus dedos.
"¿Draco?"
"Hoy no, Blaise." Explicó el rubio con una sonrisa coqueta adornándole su bonito rostro. "Tengo que hacerme valer un poco... además, estábamos hablando de algo bastante importante."
"¿Potter?" Quiso saber. "Él no es un tema importante."
Draco negó.
"Lamento no estar de acuerdo, pero ahora Potter es lo único en lo que estoy pensando."
"¿Qué vas a hacer?" Interrogó, dejó que sus manos encontraran el cuerpo de Draco y acarició su pierna por sobre su túnica, disfrutando el calor que podía sentir aún sobre la tela. "¿Por qué tanto interés en el héroe del mundo mágico?"
"Simplemente me interesa, Blaise." Respondió. "Tengo que buscar una forma de convencer a Granger de todo esto, ella estará bastante interesada en una solución a la ridícula poción en la que lleva meses trabajando, y yo tendré la satisfacción de hacer ver a Potter como un idiota."
"Sigo sin entender por qué tanto interés en Potter."
El rubio se cuestionaba a sí mismo, en ocasiones, por qué la intensidad de su interés hacia el ojiverde, pero lo atribuía al odio que sentía por él. No podía ser nada más, y es que se le antojaba tan sencillo dirigir hacia alguien tan aceptado por todos toda la frustración que se había embotellado en su persona. Harry Potter era un buen blanco para descargar todo aquello que le estaba comiendo por dentro.
Como vio que Blaise seguía esperando una respuesta, y él no tenía una que fuera satisfactoria o que fuera a parecerle suficiente a su amante, simplemente se encogió de hombros y apartó la mano del moreno de su cuerpo, quizás un poco demasiado bruscamente.
"No lo entenderías, Blaise... así como yo no entiendo lo tuyo con Finnigan."
Ahí decidió cortar su reunión con su contraparte, porque si él mismo no sabía qué era lo que lo motivaba a querer ayudar a alguien, para después poder destruirlo... entonces, no había nadie que pudiese ayudarlo a comprender el por qué de sus acciones.
Y tampoco quería soportar a un Blaise que luego iba a sentirse extremadamente culpable y mal por haber mancillado la santidad del hogar que compartía con Finnigan.
Aburrido.
De ser por él... el irlandés ya no estaría siquiera en el juego, y tendría, de una vez por todas, a Blaise sólo para él.
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Harry se dijo a sí mismo que no por haber descubierto su posible procedencia, debía olvidarse por completo que era un ser humano con necesidades físicas, tales como alimento y vestido, y éstas sólo podían satisfacerse si tenía el dinero necesario, así que sin detenerse a pensarlo mucho, esa noche decidió ir a su trabajo, si es que aún lo tenía.
Recordaba vagamente haberse presentado ahí en estado de ebriedad.
Jack se había encargado de él, lo recordaba muy bien.
El mesero le había dado un tratamiento que, en su momento, él había necesitado.
A decir verdad, aún lo necesitaba.
Había pasado bastante tiempo desde que un día despertó sin conciencia de sí mismo y ahora tras haber sentido un cuerpo sobre el suyo, complaciéndolo, la calentura se había hecho presente y necesitaba que alguien la calmara.
Sintió un escalofrío y decidió dejar de pensar en su casi experiencia sexual con Jack. Seguía en casa de Hermione y no podía permitirse excitarse ahí mismo.
Iba a ser algo demasiado extraño.
Iba a decir algo, cuando alguien golpeó la puerta suavemente y Hermione antendió.
Todo pensamiento coherente se borró de su mente cuando sus ojos se posaron en la figura del recién llegado.
Cabello castaño, casi rubio, ojos grandes, expresivos y hermosos en un rostro fino y ovalado.
Ni siquiera notó cuando el sujeto se acercó a él y Hermione cerró la puerta tras ella y desapareció tras la puerta de la cocina, quizás para ir a buscar una taza más, para su nuevo invitado.
Después de todo, Hermione había probado ser bastante servicial.
"Hola, Harry." Dijo el sujeto, su voz era suave, como la seda. "Lo siento, sé que no me recuerdas, soy Seamus Finnigan y estudié contigo en Hogwarts."
"Finnigan."
Vio un rubor en las mejillas del chico bonito.
"Dime, Seamus, por favor."
Harry le sonrió lo mejor que pudo y vio que aquel rubor se intensificaba, dándole una mejor apariencia a la cara de Seamus.
"Seamus."
Un asentimiento y una sonrisa.
Quizás, iniciar de nuevo en el mundo mágico no estaba tan mal.
TBC
Notas de autora:
Lo de Seamus y Harry no se verá tan apresurado cuando explique algo que ocurrió en el pasado, ok? Yo sé que muchas se preguntarán cómo demonios Harry y Draco terminarán juntos, pero no se preocupen, que así será. El capítulo se corta en ese preciso momento porque tengo irme a dormir que mañana tengo clase y ya es muy tarde, según mi padre jajaja. _________________
Jejejejeje veo ke la musa sigue bien amarrada y no ha escapado!!
Me encanta todo esto!! mucha tension entre los personajes y eso lo hace en extremo atractiva!!... ese draco es fabuloso!! (bueno lena ya sabes ke yo estoy loka por este personaje aunke a muchos les paresca odioso )
Jejejeje ahora si, esperare al siguiente capi y sip confio en ti y aunke ahorita no paresca ke terminen juntos yo se ke haras ke si terminen juntos y no se si felices pero si juntos jejejeje....
PD: Me gusta mucho la pareja de Seamus y Zabini _________________